apenas en la prepa y tienes que ver el tamaño de ese culazo que tiene

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‘¡Joder, chaval! ¿Has visto el tamaño de ese culazo que tiene?’ exclamó Marcos, un joven de diecisiete años que apenas estaba en la preparatoria. Estaba junto a su amigo Pedro, ambos mirando fijamente a una chica de último año que se paseaba por el pasillo con unas ajustadas mallas que resaltaban su trasero.

La excitación que recorría los cuerpos de los dos chicos era palpable. Pedro no podía apartar la mirada de ese culo redondo y firme que se balanceaba con cada paso de la chica. No podían dejar de hablar de lo que harían con ella si tan solo pudieran tenerla frente a ellos. Sin embargo, la idea de acercarse a ella les resultaba intimidante.

Finalmente, decidieron seguir a la chica hasta que se adentró en un aula vacía. La curiosidad y la lujuria los llevaron a espiar por la rendija de la puerta y lo que vieron los dejó sin aliento. La chica se había quitado las mallas y ahora se encontraba completamente desnuda, acariciando suavemente sus pechos mientras gemía suavemente.

‘¡Dios mío, tiene unas tetas enormes!’ exclamó Pedro, con los ojos como platos.

‘Y ese culo… es simplemente perfecto’, añadió Marcos, sintiendo como su verga se endurecía al instante.

La escena era más de lo que podían soportar. Decidieron entrar en el aula y enfrentarse a la chica. Ella los miró con una sonrisa pícara y les indicó con un gesto que se acercaran. Sin dudarlo, los dos se le acercaron y comenzaron a acariciar su cuerpo suavemente.

‘Vamos a coger a esta putita entre los dos’, susurró Marcos, con la voz cargada de deseo.

La chica se arrodilló ante ellos y sin decir una palabra, tomó la verga de Marcos en su boca, mientras Pedro se acercaba por detrás y comenzaba a acariciar su culo.

Los gemidos se hicieron más intensos a medida que la excitación iba en aumento. La chica alternaba entre chupar la verga de Marcos y la de Pedro, haciendo que ambos se retorcieran de placer.

‘¿Quieres probar este culazo, chicos?’ preguntó la chica, con una mirada llena de lujuria.

Sin dudarlo, Pedro se colocó detrás de ella y con su verga totalmente empalmada, comenzó a penetrar su culo con fuerza y ​​precisión. La chica gemía de placer mientras era embestida una y otra vez, sintiendo como el placer la invadía por completo.

Marcos, por su parte, no podía contenerse más y se lanzó sobre el cuerpo de la chica, introduciendo su verga en su concha húmeda y caliente. Los tres se movían en perfecta armonía, buscando el punto exacto de placer que los llevaría al éxtasis total.

Los cuerpos desnudos se fundieron en un baile erótico, sudoroso y lleno de pasión. Los gemidos y los gritos de placer resonaban en el aula vacía, mientras los tres se entregaban por completo al deseo carnal que los consumía.

La escena alcanzó su clímax cuando Pedro y Marcos, casi al unísono, se corrieron en el cuerpo de la chica, cubriéndola con su venida caliente y espesa. La chica, exhausta pero satisfecha, se dejó caer sobre el suelo, con una sonrisa de placer en sus labios.

Los tres permanecieron en silencio por unos minutos, recuperando el aliento y disfrutando del éxtasis que los envolvía. Sabían que aquel encuentro prohibido y salvaje quedaba guardado en sus memorias para siempre, como un tesoro oculto que solo ellos conocían.

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