La colegiala del CETIS se encontraba en una situación comprometedora. Su falda corta y ajustada dejaba al descubierto sus muslos bronceados, mientras que su blusa blanca se pegaba a su piel por el sudor que emanaba de su cuerpo joven y deseoso. La atmósfera en la habitación estaba cargada de lujuria y deseo, con la única iluminación proveniente de una lámpara tenue que colgaba del techo y proyectaba sombras sugerentes en las paredes desconchadas.
Los gemidos y jadeos resonaban en la habitación, mezclándose con el sonido de la música reggaetón que provenía de un celular desgastado sobre una mesita de plástico. La collegiala estaba arrodillada frente a un chico corpulento y musculoso, con una mirada de deseo en sus ojos oscuros. Él sostenía su verga en una mano, masturbándose lentamente mientras observaba a la joven con avidez.
‘Así es como te gusta, ¿verdad?’ murmuró él con voz ronca, ‘Te gusta que te cojan como la putita que eres’.
La colegiala asintió con una mirada de sumisión, con los labios entreabiertos y los ojos brillantes de excitación. Sin decir una palabra, tomó la verga del chico en su mano y comenzó a lamerla con ansia, saboreando el sabor a sexo y virilidad que emanaba de ella.
‘¡Eso es! ¡Mámalo como la puta que eres!’ gruñó él, mientras agarraba con fuerza el cabello de la colegiala y empujaba su cabeza hacia adelante.
Ella obedeció sin rechistar, tratando de tomar tanto como podía en su boca hambrienta. Sentía la verga del chico crecer y endurecerse aún más con cada chupada que daba, disfrutando del control que tenía sobre él y de la excitación que le producía.
Después de un rato, el chico la levantó bruscamente y la empujó sobre la cama, donde la colegiala se acomodó con las piernas abiertas y la mirada suplicante.
‘Quiero sentirte dentro de mí’, susurró ella con voz ansiosa, mientras el chico se quitaba los pantalones y revelaba su pija dura y lista para coger.
‘Voy a cogerte tan duro que no podrás pensar en nada más’, prometió él, antes de hundirse en su interior con un gemido gutural.
La colegiala gimió de placer cuando sintió la verga del chico llenándola por completo, estirando sus paredes internas y haciéndola gemir de placer. Él embestía con fuerza y ritmo, llevándola al borde del éxtasis una y otra vez.
‘¡Sí! ¡Así es como me gusta, más fuerte! ¡Cógeme como si no hubiera un mañana!’ gritaba ella, arqueando la espalda y clavando las uñas en las sábanas desgastadas.
El chico la tomó con fuerza de las caderas y aceleró el ritmo, embistiendo con fiereza y determinación. La habitación resonaba con el sonido de sus cuerpos chocando y los gemidos que escapaban de sus labios hinchados por el deseo.
Después de unos minutos de culeando desenfrenado, la colegiala sintió que el éxtasis se aproximaba rápidamente, envolviéndola en una ola de placer incontrolable. Con un grito gutural, llegó al orgasmo con fuerza, apretando las piernas alrededor del chico y haciéndolo gemir de placer también.
El chico la siguió rápidamente, dejando escapar un gruñido salvaje mientras se dejaba llevar por la venida intensa. Sus cuerpos se fundieron en un abrazo apasionado, sudorosos y jadeantes, mientras el semen se mezclaba entre ellos en una danza lasciva y primitiva.
‘Eso estuvo increíble’, murmuró el chico, rodando sobre su espalda y mirando a la colegiala con una sonrisa satisfecha.
La colegiala sonrió también, sintiendo una sensación de plenitud y satisfacción que la envolvía por completo. Había cumplido su fantasía de dejarse echar la leche sobre la cara, y lo había disfrutado más de lo que había imaginado.






