morrita colegiala se desnuda en los baños del colegio

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La morrita colegiala estaba sentada en uno de los sucios baños del colegio, mirándose fijamente en el espejo mientras pasaba una mano por su cabello castaño. Se mordía el labio inferior, nerviosa y excitada por lo que estaba a punto de suceder. Sus uniforme escolar estaba arrugado y desordenado, sus medias blancas con unas pequeñas carreras, y sus zapatos gastados demostraban que no le importaba mucho su aspecto en ese momento.

De repente, la puerta se abrió y entró un chico de mirada lujuriosa, el capitán del equipo de fútbol, quien no pudo resistirse al deseo de seguirla hasta allí. Ella se dio la vuelta, sorprendida, pero no se detuvo. Él se acercó lentamente, con una sonrisa pícara en los labios.

‘¿Qué crees que estás haciendo aquí, zorrita?’ le dijo él con voz ronca y autoritaria, mientras la miraba de arriba abajo.

Ella levantó la mirada y lo desafió con la mirada. ‘No te importa, déjame en paz’, respondió, aunque su voz temblaba ligeramente.

Él se acercó aún más, sin darle espacio para escapar, y la tomó por la cintura con fuerza. ‘Creo que necesitas una lección, pequeña colegiala’, murmuró, antes de estampar sus labios contra los de ella en un beso apasionado y salvaje.

Los besos se volvieron más intensos, sus lenguas se enredaban en un baile erótico mientras sus manos exploraban los cuerpos del otro con urgencia. Él agarró el uniforme de ella y lo rasgó con rudeza, dejando al descubierto sus pechos jóvenes y firmes, erectos por la excitación.

‘Mira lo que me has hecho hacer, puta’, gruñó él mientras se lanzaba sobre sus pezones, chupándolos con avidez y provocando gemidos de placer en ella.

Ella arqueó la espalda, entregándose a las sensaciones abrumadoras que recorrían su cuerpo. Sus manos se deslizaron por el pecho musculoso de él, desabrochando su pantalón y liberando su verga dura y palpitante.

‘Coge lo que te pertenece, colegiala traviesa’, ordenó él, empujándola hacia abajo para que se arrodillara frente a su entrepierna. Ella obedeció sin dudarlo, tomando su pija en su mano con delicadeza y comenzando a lamerla con devoción.

Los sonidos de succión llenaron el aire del baño, mezclados con gemidos y susurros obscenos. Él la miraba con lujuria, disfrutando del espectáculo de la joven colegiala mamando su verga con habilidad y entusiasmo.

‘Vas a ser mi puta personal a partir de ahora, ¿entendido?’ dijo él con voz dominante, antes de empujar su cabeza hacia abajo para que tomara toda su pija en su boca. Ella se atragantó momentáneamente, pero siguió chupando con determinación, complaciéndolo con cada succión y lamida.

Después de un rato de sexo oral intenso, él la levantó bruscamente y la inclinó sobre el lavamanos, levantándole la falda de su uniforme y dejando al descubierto su culito redondo y apetitoso.

‘Voy a cogerte como la putita que eres’, susurró él al oído de la morrita, antes de hundir su verga en su conchita mojada y estrecha. Ella gimió de placer, sintiéndose llena y satisfecha por fin.

Los embestidas eran salvajes y desenfrenadas, el sonido de sus cuerpos chocando resonaba en los azulejos del baño. Ella arañaba la pared, gritando de placer y dolor a partes iguales, mientras él la penetraba con fuerza y ​​determinación.

‘¡Sí, así, cógeme más duro! ¡Soy tu puta, fóllame más fuerte!’ gemía ella, entregándose por completo a la lujuria y al éxtasis del momento.

El clímax se acercaba rápidamente, cada embestida acercándolos más al borde del abismo del placer. Él la agarró del cabello y la sacó de su posición, haciéndola arrodillarse nuevamente frente a él.

‘¡Toma mi leche, zorrita! ¡Traga todo como una buena puta!’ ordenó él, antes de venirse en su boca con un gemido gutural, llenándola con su semen caliente y espeso.

Ella lo recibió con sumisión, saboreando el sabor metálico de su veneno masculino y tragándolo todo sin protestar. Se miraron a los ojos por un momento, compartiendo un instante de complicidad y deseo antes de separarse y volver a la realidad del colegio.

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