pero no me grabes la cara le dice la chavita al novio…

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La chavita estaba completamente entregada, su cuerpo delgado y terso retorciéndose de placer bajo el peso de su amante. Con los ojos entrecerrados y los labios entreabiertos, gemía suavemente al ritmo de las embestidas que recibía. Mientras sus manos se aferraban con fuerza a las sábanas, su respiración agitada llenaba la habitación.

El novio, con la cámara en mano, no podía contener su excitación al ver a su dulce chavita tan sumida en el éxtasis. Capturaba cada ángulo, cada gemido, cada gesto de placer que se dibujaba en el rostro de la joven. Pero algo en sus palabras lo detuvo en seco.

‘Pero no me grabes la cara’, le dijo la chavita entre jadeos entrecortados, consciente de la cámara que la enfocaba. Su voz sonaba ansiosa y preocupada, como si temiera que su identidad quedara al descubierto.

El novio, excitado y con la saliva seca, asintió con un gesto rápido y descuidado. ‘Tranquila, mi amor’, musitó mientras seguía grabando, desviando la lente hacia sus senos al descubierto. La chavita, con una mezcla de deseo y nerviosismo, continuó con la entrega de su cuerpo, dejándose llevar por el placer que ambos compartían.

El sudor perlaba sus frentes, un olor a sexo y deseo impregnaba la habitación. La chavita, con un gemido más agudo, arqueó la espalda al sentir una embestida más profunda por parte de su amante. Los gemidos se intensificaron, llenando el espacio con una melodía de lujuria desenfrenada.

‘¡Sí, así, coge tu putita!’ exclamó la chavita, entre jadeos entrecortados, incitando a su novio a seguir con las embestidas que la llevaban al borde del abismo. El novio, excitado por las palabras sucias de su amada, aumentó el ritmo, sintiendo cómo el deseo se apoderaba de su ser.

Las manos del novio exploraban cada rincón del cuerpo de la chavita, apretando sus caderas con fuerza mientras su verga entraba y salía de ella en un vaivén frenético. Los gemidos se volvían más salvajes, más desesperados, resonando en la habitación como una sinfonía de placer desenfrenado.

‘¡Oh, sí, así me gusta, dame más duro!’ clamó la chavita, sus uñas arañando la espalda de su amante en un intento desesperado por sentirlo aún más profundamente. El novio, embriagado por el deseo y la lujuria, obedeció a sus deseos, aumentando la intensidad de sus embestidas.

El placer los envolvía por completo, convirtiendo sus cuerpos en uno solo en un baile sin fin de pasión y deseo desenfrenado. La chavita, con la cabeza echada hacia atrás y los labios entreabiertos, se abandonaba por completo al placer que la consumía por dentro.

‘¡Voy a venirme, cariño!’, anunció el novio entre gemidos guturales, sintiendo cómo el éxtasis se apoderaba de su ser. La chavita, al borde del orgasmo, asintió con la cabeza, los ojos vidriosos de puro placer.

Con un último embate, el novio se dejó llevar por la intensidad del momento, soltando un grito gutural de placer mientras se derramaba en el interior de la chavita. Los dos cuerpos se fundieron en un éxtasis compartido, la chavita temblando de placer bajo su amante mientras los dos se dejaban llevar por la ola de sensaciones.

Entre jadeos y suspiros, se fundieron en un abrazo cálido, recuperando el aliento mientras el éxtasis los envolvía en una nube de satisfacción. El novio apagó la cámara, guardando celosamente el momento íntimo que habían compartido, prometiendo no grabar el rostro de la chavita.

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