que ricas nalgotas tiene la universitaria que se va a coger con uno de los profes

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La universitaria de ricas nalgotas estaba ansiosa por salir de clases aquel día. Había notado cómo su profesor de Economía la miraba fijamente durante toda la clase, devorando con sus ojos cada curva de su voluptuoso cuerpo. La excitación invadía su ser, y la idea de dejarse llevar por la lujuria que le provocaba aquel hombre maduro y experimentado la hacía mojar sus bragas.

Después de la última campana, la universitaria se acercó tímidamente al profesor, haciendo que su faldita corta se subiera un poco y mostrara más de lo debido de sus tentadoras piernas. El hombre no pudo resistirse y la invitó a su despacho bajo la excusa de repasar algún tema extra que la jovencita pudiera necesitar. Ambos sabían que no se trataba de eso, pero ninguno de los dos estaba dispuesto a frenar sus impulsos sexuales desenfrenados.

El profesor cerró la puerta con llave y se acercó a la chica con mirada lujuriosa, tomando con fuerza sus caderas y atrayéndola hacia él. La universitaria se dejó llevar, sintiendo el contacto de la entrepierna del hombre sobre sus nalgas. Su respiración se aceleraba, y sus pezones se endurecían bajo su ajustado top blanco.

‘¿Te gusta lo que ves, profesor?’ susurró la joven con voz juguetona, provocando al hombre mayor. ‘Mmm, tienes unas nalgotas deliciosas’, respondió él con tono lascivo, mientras deslizaba sus manos por debajo de la falda de la estudiante y palpaba su redondo trasero con fuerza.

Los gemidos de la universitaria resonaban por todo el despacho mientras el profesor bajaba su tanga con destreza y separaba sus nalgas, revelando la húmeda concha que lo esperaba ansiosa. Sin pensarlo dos veces, el hombre se arrodilló y comenzó a lamer su sexo con avidez, provocando que la chica se retorciera de placer sobre la mesa.

‘¡Oh sí, sí, sigue así!’, jadeaba la joven, aferrándose al borde del escritorio mientras el profesor exploraba cada pliegue de su intimidad con su lengua experta. Los jugos de la universitaria inundaban la boca del hombre, quien saboreaba cada gota como si fuera el elixir de la vida misma.

Una vez que la chica estuvo lo suficientemente lubricada, el profesor se puso de pie y se bajó los pantalones, liberando una verga dura y ansiosa por penetrarla. La universitaria se giró con agilidad, ofreciéndole su trasero imponente y arrogante que tanto lo había excitado durante las clases.

‘¿Estás lista para sentir mi pija dentro de ese hermoso culo?’, gruñó el profesor, agarrando sus caderas con fuerza y presionando la punta de su miembro contra el estrecho esfínter de la estudiante. Sin esperar respuesta, empujó con violencia, abriéndose paso en la cavidad anal de la chica, quien soltó un gemido ahogado y placentero.

La universitaria se mordía el labio inferior para contener sus gritos de éxtasis mientras el profesor embestía su culo con furia, alternando entre embestidas rápidas y profundas que la llevaban al borde del abismo del placer. El sonido de sus cuerpos chocando resonaba en la habitación, mezclándose con los jadeos y gemidos que llenaban el ambiente cargado de deseo sexual.

‘¡Sí, sí, dame más, profesor! ¡Cógeme como la puta que soy!’, exclamaba la universitaria, entregada por completo al frenesí de la cogida anal que estaba recibiendo. El hombre no se detenía, arremetiendo con más fuerza y determinación, sintiendo cómo su verga pulsaba al borde de la venida.

Finalmente, con un gruñido gutural, el profesor se dejó llevar por la intensidad del momento y se corrió en lo más profundo del recto de la estudiante, inundándola con su semen caliente y espeso. Ambos jadeaban agotados, la universitaria con el culo lleno de leche y el profesor con la satisfacción de haberse cogido a una de sus alumnas más deseadas.

Así terminó aquella ardiente sesión de sexo prohibido en la universidad, con la joven universitaria empapada de placer y el profesor sintiéndose completamente realizado por haber dado rienda suelta a sus deseos más oscuros. Desde entonces, cada encuentro en el aula sería recordado con una sonrisa maliciosa y la promesa tácita de repetir la experiencia una y otra vez.

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