creo que te salio algo de atras amor….le dice a la novia despues de reventarle el culo

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Paula y Mario habían estado saliendo durante casi un año, pero desde que se conocieron en una fiesta de amigos en común, la química entre ellos fue explosiva. Ambos eran jóvenes, libres y con una pasión desenfrenada por el sexo. Una noche, después de beber algunas copas de más en un bar de mala muerte, decidieron ir a la casa de Mario, un pequeño departamento lleno de desorden y con un colchón en el suelo. La atmósfera era caliente, húmeda y cargada de deseo.

‘¿Te animas a probar algo nuevo hoy, cariño?’, le susurró Mario al oído mientras acariciaba las curvas de Paula. Ella asintió con una sonrisa traviesa, sabiendo que lo que vendría a continuación sería salvaje y placentero.

Después de quitarse la ropa con ansias, Mario empujó a Paula contra la pared y la besó con ferocidad, sus manos explorando cada centímetro de su cuerpo. Con un movimiento ágil, la levantó y la llevó al colchón, donde la tumbó sobre su espalda y comenzó a besar sus senos con avidez. Paula gemía de placer, arqueando la espalda y agarrando las sábanas con fuerza.

‘Oh, sí, cariño, cógeme fuerte’, susurró Paula entre jadeos mientras Mario continuaba su exploración. Él descendió lentamente por su torso, deteniéndose en su ombligo y finalmente llegando al tesoro entre sus piernas. Con maestría, comenzó a acariciar suavemente su clítoris, provocando gemidos cada vez más intensos en Paula.

‘¡Sí, sí, sigue así! ¡Estoy tan mojada para ti!’, gimió Paula, su cuerpo temblando de anticipación. Mario la miró con deseo antes de bajar aún más y sumergirse entre sus piernas, degustando cada gota de su esencia. Paula se retorcía de placer, con los ojos cerrados y la boca entreabierta en éxtasis.

El calor en la habitación era abrumador, con el sudor resbalando por los cuerpos entrelazados. Mario se movió sobre Paula, alineando su dura verga con la entrada de su concha y empujando lentamente hacia adentro. Paula gimió con fervor, sus ojos clavados en los de Mario en un acto de pura lujuria.

‘¡Sí, así, sí! ¡Estoy tan apretada para ti, coge mi concha como nunca antes lo has hecho!’, gritó Paula mientras ambos se movían al unísono, entregándose al placer carnal que los consumía. Cada embestida era más profunda, más salvaje, más urgente.

El sonido de sus cuerpos chocando resonaba en la habitación, mezclado con los gemidos y susurros obscenos que escapaban de sus labios. Mario aceleró el ritmo, su verga golpeando contra las paredes internas de Paula, llevándola al borde del abismo del éxtasis.

‘¿Estás lista para probar algo nuevo, mi amor? ¿Quieres sentirme dentro de tu culo?’, preguntó Mario con voz ronca, sus ojos llenos de deseo. Paula asintió, excitada por la idea de experimentar algo diferente con su amante ardiente.

‘Sí, sí, hazlo… quiero sentirte en todos lados’, respondió Paula, sus ojos brillando con anticipación. Con cuidado, Mario retiró su verga de la concha de Paula y comenzó a prepararla con paciencia y lubricante, asegurándose de que estuviera lista y receptiva para lo que vendría a continuación.

Poco a poco, Mario comenzó a presionar contra el estrecho agujero de Paula, sintiendo la resistencia inicial antes de que cediera lentamente a su avance. Paula gimió y se retorció, sintiendo una mezcla de dolor y placer abrumadora mientras Mario la penetraba con su verga dura y caliente.

‘¡Sí, sí, sigue, no pares nunca!’, gritó Paula, sus manos aferradas a las sábanas mientras Mario continuaba el ritmo, embistiéndola con pasión desenfrenada. Cada vaivén era una explosión de sensaciones intensas, cada roce una chispa que encendía el fuego en sus cuerpos.

Finalmente, después de un intenso vaivén de caderas y gemidos desenfrenados, Mario alcanzó su límite y dejó escapar un rugido gutural de placer, llenando el culo de Paula con su cálida y espesa venida. Paula se estremeció con el orgasmo que la invadió, experimentando una ola de placer tan intensa que la dejó sin aliento.

‘Creo que te salió algo de atrás, amor…’, murmuró Mario entre jadeos, su cuerpo aún temblando por la intensidad del acto carnal. Paula soltó una risa jadeante, sintiéndose completamente satisfecha y extasiada por la experiencia única que acababan de compartir.

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