pero no me entra en la colita

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La habitación estaba sumida en penumbras, apenas iluminada por la luz intermitente de una lámpara de lava en una esquina. El olor a sudor y a sexo impregnaba el ambiente, mezclado con el sonido de gemidos ahogados y el chirriar de la cama barata que crujía con cada embestida. En el centro de la habitación, dos cuerpos desnudos se retorcían en un frenesí de lujuria y deseo desenfrenado.

Marina, una joven voluptuosa con curvas sin fin, estaba arrodillada en el suelo, con su cola en pompa y su rostro empapado en sudor. Frente a ella, se encontraba Marcos, un hombre musculoso con una mirada de pura lujuria en sus ojos. Ambos se miraban con intensidad mientras él sostenía una verga dura como una roca.

‘¡Cogeme bien hija de puta! ¡Haceme gozar con ese culo apretado que tenés!’ -gritó Marcos con voz ronca, agarrando con fuerza las caderas de Marina y empujando su verga en dirección a su anhelado agujero trasero.

Marina gemía y gimió de placer mientras sentía como la pija de Marcos se abría paso lentamente en su culo, estirando cada centímetro de su apretado esfínter. La sensación de plenitud y dolor la embargaba, pero a la vez la excitaba de una manera que no podía controlar.

‘¡Sí, así! ¡Me encanta cómo me cogés! ¡Dale, metémela toda!’ -gritó Marina, arqueando su espalda y empujando su cola hacia atrás para facilitar la penetración.

El sonido de la carne chocando resonaba en la habitación, mezclado con los gemidos de placer de ambos amantes. La pasión los consumía, llevándolos a un estado de éxtasis absoluto mientras culeaban de forma desenfrenada.

Los cuerpos sudorosos se fundían en un baile lascivo y obsceno, moviéndose al compás de sus deseos más oscuros. Cada embestida de Marcos en el culo de Marina la llevaba más cerca del abismo del placer, haciendo que sus gemidos se convirtieran en gritos desesperados de lujuria.

‘¡Sí, así, dame más fuerte! ¡Me encanta cómo me coges el culo, papito!’ -gritó Marina, sintiendo como su cuerpo se acercaba peligrosamente al orgasmo.

Marcos aumentó el ritmo de sus embestidas, sintiendo como su verga pulsaba de deseo a punto de explotar en un torrente de placer incontenible. El sudor resbalaba por su frente mientras se entregaba por completo al placer de poseer el culo de Marina.

Los gemidos se volvieron más intensos, los cuerpos se contorsionaban en una danza lasciva y desenfrenada. El calor de la habitación era sofocante, pero ninguno de los amantes podía detenerse en ese torbellino de deseo y pasión desenfrenada.

Y entonces, en un momento de éxtasis absoluto, Marina sintió como el orgasmo la invadía por completo, haciendo que su cuerpo se estremeciera en un frenesí de placer incontenible. Gritó de éxtasis mientras su culo apretado se contraía alrededor de la verga de Marcos, exprimiendo hasta la última gota de placer de su cuerpo.

‘¡Sí, sí, síííííííííííííííí!’ -gritó Marina, sintiendo como su cuerpo se sacudía en el clímax del placer absoluto.

Marcos la siguió de cerca, sintiendo como su verga explotaba en un torrente de semen caliente que llenaba por completo el culo de Marina. Los dos amantes se derrumbaron exhaustos sobre la cama, rendidos ante el placer indescriptible que habían experimentado.

Y mientras el sudor seguía resbalando por sus cuerpos, Marina susurró con una sonrisa en los labios: ‘Pero no me entra en la colita… si es por vos, siempre va a entrar, amor’.

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