Morrita colegiala peludita cogiendo despues de clases

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La morrita colegiala peludita, con su uniforme ajustado y falda corta, regresó a casa después de clases con un deseo insaciable de ser cogida. Su sudor perlaba su frente, sus pechos se bamboleaban con cada paso, y su entrepierna clamaba por una buena verga. Al abrir la puerta, se encontró con su vecino, un hombre mayor con una pija enorme que la hacía salivar de anticipación.

‘¡Vente conmigo, nena! Hoy te voy a hacer mía’, gruñó el vecino con lujuria en los ojos, agarrando con fuerza su trasero. Sin mediar palabra, la morrita se arrodilló y comenzó a mamar esa verga con ansias, sintiendo cada centímetro palpitante en su garganta.

La colegiala peludita gemía de placer, mientras el vecino le levantaba la falda y le arrancaba las bragas, dejando al descubierto su concha húmeda y ansiosa de ser penetrada. ‘¡Quiero cogerte duro!’, le suplicó ella, sintiendo la necesidad de ser tomada con fuerza.

El vecino la empujó contra la pared y sin miramientos, la penetró con fuerza, haciéndola gritar de placer. La morrita sentía la verga entrando y saliendo de su concha, su cuerpo temblando de deseo y sus tetas saltando con cada embestida.

‘¡Sí, así, más duro!’, imploraba la colegiala peludita, mientras el vecino la agarraba del cabello y aceleraba el ritmo de sus embestidas. El sudor y los gemidos llenaban la habitación, creando un ambiente cargado de lujuria y desenfreno.

El vecino decidió entonces cambiar de posición y colocar a la morrita a cuatro patas, ofreciéndole su culo para ser culeado sin piedad. ‘¡Cógete mi culo con fuerza!’, gritó ella, sintiendo como la verga se abría paso en su esfínter, llenándola de una mezcla de dolor y placer indescriptible.

Los sonidos de la culeada resonaban en la habitación, mezclándose con los gritos y gemidos de la morrita colegiala peludita, quien pedía más y más, sin poder contener su lascivia. El vecino la embestía con furia, sintiendo el calor de su cuerpo y la estrechez de su ano envolviendo su verga.

‘¡Sí, dame más! ¡Hazme tuya por completo!’, suplicaba la morrita, sintiendo como el orgasmo se acercaba rápidamente, inundando su cuerpo de placer y éxtasis. El vecino, sin contenerse más, se dejó llevar por el frenesí y se corrió dentro de ella, llenando su culo con su venida caliente y espesa.

La morrita colegiala peludita se dejó caer exhausta, sintiendo como el semen se deslizaba por sus piernas, marcando el final de una culeada inolvidable. Ambos cuerpos sudorosos y saciados se abrazaron en un gesto de complicidad, sabiendo que esa tarde de sexo desenfrenado quedaría grabada en su memoria para siempre.

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