la puta de mi prima esta re buena y la encontre con una minifalda

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La puta de mi prima es una zorra que siempre me ha causado morbo. Esa noche, la encontré vestida con una minifalda corta que dejaba ver sus muslos deliciosos y provocativos. Su blusa ajustada resaltaba esas tetas grandes y jugosas que tanto deseaba coger. El brillo en sus ojos denotaba lujuria y deseo, y su sonrisa pícara era la antesala de la depravación que estábamos a punto de vivir.

Caminaba hacia ella, embriagado por la lujuria, el sudor comenzaba a impregnar mi cuerpo excitado. Nuestros cuerpos se encontraron, y su aroma a sexo barato me enloquecía. ‘¿Lista para que te coma toda, putita?’ le susurré al oído, sintiendo su piel erizarse de deseo. ‘Sí, cógeme como la zorra que soy’, respondió con voz entrecortada por el deseo.

La tomé de la cintura y la atraje hacia mí, sintiendo su calor a través de la tela. Mis manos ansiosas recorrieron su espalda hasta llegar a su culo, donde apreté con fuerza. ‘¡Cógete mi culo, méteme tu verga hasta el fondo!’, gemía mientras yo acariciaba su entrepierna húmeda y caliente.

La llevé hacia la cama y la arrojé con fuerza sobre las sábanas revueltas. Sin mediar palabra, me arrodillé ante ella y comencé a lamer sus muslos, subiendo poco a poco hacia su entrepierna. La tela de su tanga apenas podía contener la humedad que brotaba de su concha ansiosa de ser penetrada.

‘¡Chúpame las tetas, cabrón!’, ordenó con voz ronca mientras se arqueaba de placer. No me hice esperar y tomé sus pechos con avidez, mordisqueando sus pezones erectos y jugosos. Los gemidos se mezclaban con mis chupadas voraces, creando una sinfonía de placer que nos enloquecía aún más.

Con un movimiento rápido, le arranqué la minifalda y la tanga, dejando al descubierto su sexo empapado y listo para ser tomado. Me coloqué entre sus piernas y sin previo aviso, clavé mi verga dura y ansiosa en su interior. ‘¡Sí, sí, así, cógeme hasta el fondo!’, gritaba mientras la embestía con frenesí.

El sudor nos cubría por completo, nuestros cuerpos brillaban bajo la luz mortecina de la habitación. Cada embestida era más salvaje que la anterior, cada gemido resonaba en mis oídos como música celestial. Sentía su concha apretándose alrededor de mi verga, exprimiéndola con fuerza en cada embestida.

‘¡Dame más, más duro, más profundo!’, suplicaba entre jadeos y gemidos descontrolados. Mis manos aferradas a sus caderas la mantenían en su lugar, permitiéndome cogerla con toda la fuerza y brutalidad que ella ansiaba. El ruido de nuestros cuerpos chocando se mezclaba con sus gemidos, creando una sinfonía de depravación que nos sumía en un éxtasis indescriptible.

Su sexo apretado era una delicia inigualable, su calor envolvía mi verga con una intensidad que me llevaba al borde del abismo. ‘¡Voy a acabar, puta sucia, voy a llenarte de semen toda!’, anuncié entre gruñidos de placer. Y así, con un último embate salvaje, sentí mi venida estallar dentro de ella, llenándola por completo con mi esencia caliente y pegajosa.

Nuestros cuerpos agotados se fundieron en un abrazo sudoroso, disfrutando del éxtasis compartido. La puta de mi prima demostró ser la más insaciable de todas, y esa noche prometimos repetir esta sesión de sexo sucio una y otra vez.

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