no traia nada abajo la jovencita se sube el vestido para enseñarlo todo

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La jovencita de cabello rubio y ojos azules caminaba por la calle, sintiendo la brisa acariciar su piel desnuda bajo el vestido corto. Sus pezones se endurecían con cada paso, rozando la tela fina que apenas cubría su cuerpo.

Al darse cuenta de que no llevaba ropa interior, una sonrisa traviesa se dibujó en su rostro. Sin pudor alguno, se detuvo en un callejón solitario y lentamente se levantó el vestido, mostrando su concha rosada y húmeda a quien quisiera ver.

Un hombre mayor, con la verga erecta y los ojos desorbitados, se acercó a ella. ‘¡Qué coño tan hermoso tienes, putita!’, gruñó con deseo mientras se sacaba la pija dura y venosa.

La jovencita, excitada por la situación prohibida, se arrodilló frente al desconocido y comenzó a mamar desesperadamente su verga, sintiendo el sabor salado de su pene sucio en su boca.

Entre jadeos y gemidos, la joven se incorporó y se dobló sobre un barril cercano, ofreciendo su culo virginal al hombre que no dudó en tomarla con violencia.

‘¡Cógeme el culo sin piedad!’, gritó la jovencita mientras sentía la cabeza de la verga abrirse paso por su ano apretado, rompiendo cada límite de su inocencia.

Los sonidos de carne chocando contra carne resonaban en el callejón, mezclados con los gemidos de placer y dolor de ambos cuerpos sudorosos y excitados.

El hombre embestía con fuerza, sintiendo el calor y la estrechez del culo estrecho de la jovencita, quien a su vez se retorcía de placer y dolor con cada embestida brutal.

El sudor perlaba las frentes de ambos, mezclándose con la humedad de los fluidos que brotaban sin control. La verga entraba y salía del culo dilatado de la chica sin compasión, marcando cada centímetro de su interior con su venosa presencia.

‘¡Dame tu leche, lléname el culo de semen caliente!’, suplicaba la joven entre gemidos, ansiosa por sentir la venida explosiva del hombre dentro de ella.

Con un último embate feroz, el hombre se dejó llevar por el éxtasis y vació toda su carga de semen en lo más profundo del culito de la jovencita, quien sintió el líquido caliente llenar cada rincón de su interior.

Agotados y satisfechos, se separaron lentamente, sabiendo que aquel encuentro furtivo quedaría grabado en sus mentes y cuerpos para siempre.

La jovencita se acomodó el vestido, cubriendo su cuerpo ahora marcado por la lujuria y el placer, lista para seguir su camino con una sonrisa de satisfacción en los labios.

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