La colegiala del clítoris más grande del mundo era un espectáculo grotesco y a la vez excitante. Su uniforme escolar ajustado resaltaba sus curvas provocativas, haciendo que cada paso que daba resonara con lascivia en la habitación. El sudor perlado en su frente denotaba la excitación que la embargaba ante la inminente cogida que le esperaba.
El director de la escuela, un pervertido empedernido, la observaba con deseo mientras acariciaba su verga por encima de los pantalones. ‘¡Vamos a ver ese clítoris gigante en acción!’, gruñó con voz ronca, lleno de lujuria desenfrenada.
La colegiala se arrodilló frente a él, desabrochando su bragueta con ansias evidentes. Sin mediar palabra, se tragó la pija entera, provocando arcadas que solo avivaban más el fuego de la depravación en ambos.
Los gemidos guturales resonaban en la habitación, mezclados con el sonido húmedo de la mamada voraz. La saliva escurría por la verga del director, cayendo en gruesos hilos sobre los pechos jóvenes y firmes de la colegiala.
‘¡Sí, así, chúpala toda, putita!’, ordenó el director entre dientes, sintiendo cómo el orgasmo se acercaba con paso firme.
La colegiala se puso de pie, con una mirada de deseo animal en sus ojos. Se quitó la falda corta y las bragas, dejando al descubierto su concha empapada y el clítoris monstruoso que parecía pedir a gritos ser estimulado.
‘¡Venga, métemela ya!’, suplicó la colegiala con voz entrecortada, ansiosa por sentir la verga del director llenándola por completo.
Con un gruñido salvaje, el director la empujó contra el escritorio, abriendo sus piernas de par en par. La cogida comenzó con brutalidad, con embestidas profundas que hacían temblar el mobiliario de la habitación.
Los gemidos se convirtieron en gritos de placer desenfrenado, mezclados con el sonido obsceno de los cuerpos chocando violentamente. La verga del director perforaba la concha de la colegiala sin piedad, llevándola al límite de la excitación.
‘¡Oh, sí, sí, me vengo!’, anunció el director con voz ronca, sintiendo el torrente de semen recorrer su pija antes de descargarlo con fuerza dentro de la colegiala, que aullaba de éxtasis.
La colegiala, exhausta y satisfecha, se dejó caer sobre el escritorio, sintiendo cómo el clítoris aún palpitaba de placer. El director, con una sonrisa sádica en los labios, se preparaba para la próxima sesión de placer extremo.

