La habitación de la chavita colegiala olía a sudor y a deseos reprimidos. Ella, una chica joven de apenas 18 años, con sus faldas cortas y sus coletas inocentes, se encontraba sentada en el borde de la cama, con su primo, un chico musculoso de 20 años, mirándola con deseo voraz. Habían estado tonteando durante semanas, con miradas cómplices y roces accidentales que los tenían a ambos ardiendo de pasión.
La chavita, al sentir la mano de su primo acariciando su muslo, se estremeció de placer. Sabía que lo que estaban a punto de hacer estaba mal, pero la excitación que sentía le nublaba cualquier pensamiento racional. Su primo se acercó lentamente, acariciando su cuello con una mano mientras con la otra le levantaba la falda, revelando sus diminutas braguitas blancas.
‘No debemos hacer esto’, susurró la chavita, pero en el fondo ansiaba sentir la verga de su primo dentro de ella. Él, sin decir una palabra, la tomó en brazos y la acostó en la cama. La chavita gemía suavemente, sintiendo la excitación recorrer cada centímetro de su cuerpo.
Con movimientos lentos y sensuales, el primo comenzó a besarla, deslizando sus labios por su cuello, sus pechos, hasta llegar a su ombligo. La chavita arqueaba la espalda, deseando más. Sin embargo, su primo se detuvo y la miró a los ojos con lujuria.
‘Voy a hacerte mía’, gruñó, antes de bajar lentamente por su abdomen, quitándole las braguitas con cuidado. La chavita jadeaba, sintiendo la humedad entre sus piernas. Cuando su primo separó sus piernas y comenzó a lamer su conchita, ella gimió de placer, arqueándose contra su boca.
‘Oh, sí’, gemía la chavita, aferrándose a las sábanas mientras su primo la devoraba con avidez. Cada lamida, cada succión, la llevaba más cerca del borde del éxtasis. Cuando sintió que estaba a punto de venir, el primo se detuvo.
‘No tan rápido, chavita’, dijo con voz ronca. ‘Quiero cogerte de perrito, como la zorrita que eres’.
La chavita temblaba de deseo mientras su primo se ponía de pie y se desabrochaba los pantalones, liberando su verga erecta y palpitante. Se acercó a ella por detrás, agarrando sus caderas con fuerza. La chavita podía sentir la punta de la verga de su primo rozando su entrada, enviando escalofríos de placer por todo su cuerpo.
‘¿Estás lista, putita?’ susurró su primo antes de empujar con fuerza, llenándola por completo. La chavita gritó de placer, sintiendo cómo cada embestida la llevaba más y más cerca del orgasmo. El sonido de sus cuerpos chocando resonaba en la habitación, mezclado con los gemidos y jadeos de la chavita.
‘¡Sí, así, más duro! ¡Cógeme como la zorra que soy!’ gritaba la chavita, arqueando la espalda para recibir cada embestida con ansias desenfrenadas. Su primo la cogía con furia, sin piedad, entregándose por completo al placer de poseerla.
La chavita sentía el éxtasis construirse en su interior, una ola de placer que amenazaba con arrastrarla. Cuando su primo la agarró del cabello y tiró con fuerza, arqueando su espalda aún más, ella supo que llegaba su momento.
‘¡Voy a venirme!’ gritó la chavita, sintiendo el clímax acercarse con rapidez. Su primo la embestía con más fuerza, empujándola hacia el abismo del placer. Y cuando finalmente llegó, la chavita se dejó llevar por la vorágine de sensaciones, temblando y gritando de éxtasis mientras su primo la llenaba por completo.
Después de un rato, exhausta y sudorosa, la chavita se dejó caer en la cama, con su primo a su lado, ambos recuperando el aliento. Sabían que lo que habían hecho estaba mal, pero en ese momento, en esa habitación llena de pasión, nada más importaba.
Se miraron a los ojos, con complicidad y deseo, sabiendo que aquella sería la primera de muchas veces que se entregarían el uno al otro en un torbellino de lujuria y deseo prohibido.





