le hacen el calzon de lado a la colegiala y miren la cara de placer de ella

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El sol golpeaba con fuerza las ventanas de la sala de clases, donde se encontraba la joven colegiala nerviosa por lo que estaba a punto de ocurrir. Sus compañeros, todos mayores que ella, la rodeaban con miradas lascivas y sonrisas perversas. Habían planeado ese encuentro con la idea de disfrutar de su inocencia, de corromperla hasta lo más profundo de su ser. La colegiala, con su uniforme impecable y su cabello recogido en dos coletas, se sentía vulnerable y excitada al mismo tiempo.

Uno de los chicos se acercó sigilosamente, acariciando sus muslos por encima de la falda a cuadros. Un estremecimiento recorrió su cuerpo al sentir sus manos ásperas sobre su piel suave. Otro chico se situó a su lado, desabrochando lentamente los botones de su blusa, dejando al descubierto su sujetador blanco. La colegiala gemía suavemente, sintiendo una mezcla de miedo y deseo.

«Miren esa carita de puta que tiene», dijo uno de los chicos con una voz ronca y cargada de deseo. «Está deseando que le hagamos de todo, ¿verdad, putita?», agregó otro entre risas. La colegiala no podía articular palabras, estaba abrumada por la excitación y el temor a lo que estaba por venir.

De repente, uno de los chicos la tomó bruscamente por la cintura y la arrojó sobre el escritorio, haciéndola quedar boca abajo con el trasero en pompa. La colegiala sintió sus mejillas arder de vergüenza al ser expuesta de esa manera, sabía que todos la estaban mirando, ansiosos por poseerla y satisfacer sus instintos más bajos.

Lentamente, uno de los chicos le hizo a un lado el calzón, dejando al descubierto su sexo húmedo y ansioso. La colegiala gemía y se retorcía de placer, sintiendo cómo la penetraban con fuerza y ​​sin piedad. Los otros chicos se acercaron, ansiosos por participar en la fiesta de carne y deseo.

«¡Dame fuerte, cabrón!», gritó la colegiala entre gemidos, disfrutando cada embestida como si fuera la última. Los chicos se turnaban para poseerla, culeándola con fuerza y sin pausa.

El aire estaba cargado de sudor y lujuria, los gemidos y los gritos llenaban la sala de clases. La colegiala, en un estado de éxtasis total, se abandonaba al placer desenfrenado que le estaban brindando. Cada embestida, cada roce, cada gemido la acercaba más y más al abismo del placer absoluto.

Uno de los chicos se puso de pie y se acercó a la colegiala por detrás, acariciando su trasero con deseo. «¿Quieres probar algo diferente, putita?», susurró en su oído con voz ronca y excitada.

La colegiala asintió con la cabeza, deseando experimentar nuevas sensaciones. Sin mediar palabra, el chico la penetró por detrás, introduciendo lentamente su verga dura en su culo virgen. La colegiala gritó de placer y dolor, sintiendo cómo era invadida por completo.

Los otros chicos no perdieron tiempo y se unieron a la orgía desenfrenada, culeando a la colegiala sin piedad y sin límites. La joven se sentía enloquecida de deseo, entregándose por completo al placer que la embargaba por completo.

Y así, entre gemidos, gritos y susurros lascivos, la colegiala fue poseída y disfrutó de cada embestida, de cada toque, de cada mirada de deseo. Al final, exhausta y satisfecha, se dejó caer sobre el escritorio, con una sonrisa de felicidad y satisfacción en su rostro.

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