apenas en la prepa pero tienes que ver las enormes nalgas que ella tiene

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El sol del mediodía traspasaba las cortinas maltratadas de la habitación de motel donde se encontraban dos jóvenes estudiantes, apenas en la prepa. Él, un chico corpulento con una verga enorme y ella, una jovencita de curvas generosas y enormes nalgas que parecían desafiar las leyes de la física. Ambos se habían conocido en una fiesta escolar y la atracción sexual entre ellos había sido instantánea y voraz.

La habitación era pequeña y lúgubre, con una cama desvencijada y sábanas raídas. El ambiente estaba impregnado de una mezcla de sudor, perfume barato y deseo puro. Él la miraba con deseo mientras ella se contoneaba lentamente, mostrando con descaro sus curvas de infarto, especialmente esas enormes nalgas que parecían pedir a gritos ser acariciadas y culeadas sin piedad.

‘Mira lo que tienes aquí, papi’, susurró ella mientras daba una vuelta sensual, dejando al descubierto su culo tentador y sus pechos firmes. ‘¿Te gustan mis nalgas, verdad? Quieres cogerte este culito rico, ¿verdad que sí?’

Él asintió con la cabeza, incapaz de articular palabra ante la visión de semejante derriere. Se acercó a ella lentamente, sintiendo cómo la temperatura en la habitación subía con cada paso que daba. Sus manos ávidas se posaron en las caderas de ella, acercándola a él con firmeza.

‘Quiero cogerte toda, putita’, gruñó él, dejando escapar un gemido ronco. ‘Tienes un culo de infarto y pienso disfrutarlo al máximo.’

Ella respondió con una sonrisa traviesa y se dejó caer sobre la cama, ofreciéndole su trasero sin pudor alguno. Él no se lo pensó dos veces y se abalanzó sobre ella, desgarrando su ropa interior con ansias voraces. Sus manos exploraron cada recoveco de esas prominentes nalgas, apretándolas con fuerza y desatando gemidos de placer en ella.

‘¡Sí, así, no pares!’, jadeaba ella mientras él la devoraba con pasión. ‘¡Coge este culo, métemela toda!’

La escena se convirtió en un torbellino de sexo desenfrenado, con él culeando sin piedad ese culazo que tenía frente a él. Cada embestida era recibida con gemidos y súplicas de más por parte de ella, quien disfrutaba como nunca de la verga dura que la llenaba por completo.

‘Eres toda una puta caliente, ¿verdad?’, gruñó él entre embestida y embestida. ‘Te encanta que te dé verga como la zorra que eres.’

Ella solo gemía y asentía con la cabeza, entregada por completo al placer que él le proporcionaba. Las nalgas enormes de la jovencita rebotaban con cada embestida, provocando que él se sintiera al borde del abismo del éxtasis.

Después de un rato culeando como animales en celo, él decidió cambiar de posición. Con destreza, la colocó boca abajo y le separó las nalgas, revelando su ano virginal y estrecho que pedía a gritos ser penetrado.

‘¿Quieres que te dé por el culo, putita?’, preguntó él con malicia, sosteniendo su pija en la mano y apuntando directamente a ese orificio tan tentador.

Ella solo pudo gemir en respuesta, asintiendo con la cabeza y ofreciéndose sumisa a su voluntad. Con cuidado pero firmeza, él comenzó a introducir su verga en ese agujero estrecho, sintiendo cómo el culo de ella se abría lentamente para recibirlo con agrado.

Los gemidos se intensificaron, mezclándose con el sonido de la cama chirriante y el chapoteo de la verga entrando y saliendo de ese culo hambriento. La excitación llegó a su punto máximo cuando él se dejó llevar por el placer y se corrió con fuerza en ese ano apretado, llenándola por completo de su venida ardiente.

Ambos quedaron jadeantes sobre la cama, exhaustos pero completamente satisfechos. Las enormes nalgas de ella mostraban orgullosas los rastros de la cogida intensa que habían protagonizado, mientras que él sonreía satisfecho, sabiendo que no sería la última vez que disfrutaría de ese culazo de infarto.

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