chavita colegiala acepta coger con profesor de quimica a cambio de pasarla

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La chavita colegiala, una jovencita de dieciocho años con uniforme ajustado y coletas traviesas, se encontraba en apuros. Había suspendido su examen de química y su única esperanza de pasar el semestre era hablar con el implacable profesor de química, un hombre mayor con fama de exigente y estricto. A pesar de su juventud e inocencia, la chavita sabía que debía hacer lo que fuera necesario para pasar.

El profesor de química, un hombre de unos cincuenta años de edad con lentes bifocales y una barriga prominente, recibió a la chavita en su despacho. La miró con desdén, evaluando sus curvas juveniles y su rostro angelical. «No creo que puedas hacer algo para mejorar tu nota, chavita», gruñó el profesor.

La chavita, decidida a pasar la materia, se acercó al profesor y le susurró al oído: «Estoy dispuesta a hacer lo que sea para que me apruebe, profesor». El hombre la miró con interés, su mirada llena de lujuria. «¿De verdad?» preguntó con una sonrisa maliciosa.

La chavita asintió nerviosa, sintiendo el corazón latirle con fuerza en el pecho. El profesor se levantó de su silla y cerró la puerta con llave, sus ojos brillando con deseo. «Bien, chavita, si estás dispuesta a coger conmigo, pasarás la materia. ¿Estás lista para ser mi alumna más aplicada?» dijo con voz grave.

La chavita, sin poder creer lo que estaba a punto de hacer, se quitó el uniforme lentamente, dejando al descubierto su lencería rosa y sus curvas juveniles. El profesor se relamió los labios, deseando poseer a esa colegiala cachonda que estaba a su merced.

Entre gemidos y susurros, la chavita se arrodilló frente al profesor y desabrochó su pantalón, liberando su verga erecta y ansiosa. La tomó con sus manos pequeñas y comenzó a acariciarla con movimientos lentos y provocativos, saboreando la idea de lo que estaba por venir.

«Oh, profesor, me encanta tu verga, es tan grande y dura», murmuró la chavita con voz melosa, mirando fijamente al hombre que le enseñaba química. El profesor gimió de placer, sintiendo cómo la lengua de la colegiala jugueteaba con la punta de su pija en un vaivén tentador.

El profesor tomó a la chavita por las coletas y la obligó a abrir la boca, introduciendo su verga hasta la garganta de la jovencita, quien se atragantaba pero seguía mamando con ansias. Los gemidos y los suspiros llenaron el aire cargado del despacho, donde el olor a sudor y deseo se mezclaba con el sonido de la chupada voraz.

«¡Sí, chupá bien esa pija, putita, demostrame lo que sabes hacer con la boca!» ordenó el profesor, empujando con fuerza su cadera hacia adelante para que la chavita sintiera toda su carne en su boca. Ella obedeció, mamando con devoción y entregándose al placer de complacer al hombre que decidiría su destino académico.

Después de minutos interminables de mamadas salvajes, el profesor apartó bruscamente a la chavita y la puso boca abajo sobre su escritorio. Levantó su uniforme y descubrió sus nalgas tiernas y rosadas, ansiosas de ser poseídas por la pija del hombre que tenía el poder sobre su futuro.

«¿Estás lista para ser cogida por tu profesor, chavita? ¿Estás lista para sentir cómo te penetro y te domino en este mismo despacho?» preguntó el profesor con voz ronca, preparándose para culear a la colegiala caliente que se entregaba a él.

La chavita gimió de anticipación, asintiendo con la cabeza y apoyando sus manos temblorosas sobre la superficie de madera. El profesor no perdió tiempo y, sin contemplaciones, hundió su pija en la concha mojada de la colegiala, haciéndola gemir de placer y dolor al mismo tiempo.

Los cuerpos se unieron en un vaivén frenético, la piel chocando con fuerza y los gemidos llenando el espacio reducido del despacho. El olor a sexo impregnaba el ambiente, mezclándose con el sonido de los cuerpos sudorosos que se entregaban al placer prohibido.

«¡Sí, profesor, culeame fuerte, dame toda tu verga, hazme tuya por completo!» gritaba la chavita, con los ojos cerrados y el rostro enrojecido por el éxtasis del momento. El profesor embestía con ferocidad, sintiendo cómo su verga se hundía una y otra vez en el sexo hambriento de la colegiala.

El clímax se acercaba inexorablemente, ambos cuerpos perdidos en la vorágine de la lujuria desenfrenada. Con un gemido ronco, el profesor se dejó llevar por la pasión y se corrió dentro de la chavita, llenando su interior con su venida caliente y espesa.

La chavita, sintiendo el semen del profesor llenarla por completo, alcanzó un orgasmo desgarrador que la dejó temblando y jadeando sobre el escritorio. Ambos se miraron con complicidad, sabiendo que ese encuentro los había unido de una manera irrevocable.

Así, en ese despacho desordenado y cargado de pasión, la chavita colegiala había conseguido pasar la materia más difícil, a cambio de coger con su profesor de química. Y mientras se vestía rápidamente, agradeciendo al hombre que le había enseñado tanto más allá de los libros, la promesa de futuros encuentros clandestinos flotaba en el aire.

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