chavita de la prepa la ponen borracha y se la cogen

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La chavita de la prepa estaba on fire esa noche. Había ido a una fiesta con sus amigos, y como buena chica rebelde, se había pasado de copas. La música retumbaba en el sótano de la casa, mezclándose con risas y burlas. El alcohol fluía como agua y las hormonas estaban a mil por hora.

Entre la multitud, se encontraba un chico mayor, un completo desconocido, que había puesto sus ojos en la chavita. Él la observaba con deseo, con ganas de poseerla, de dejar su marca en su cuerpo delicado y juvenil. Sin pensarlo dos veces, se acercó a ella y le ofreció otra copa, una más, para embriagarla aún más.

La chavita, inocente y desprevenida, aceptó de buen grado la bebida, sin sospechar las intenciones del chico. La mezcla de alcohol y deseo era explosiva, y pronto la joven se encontraba mareada, excitada, y completamente vulnerable a los avances del desconocido.

‘¿Te sientes bien?’, le susurró él al oído, con una sonrisa pícara. La chavita asintió débilmente, sintiendo un cosquilleo en su entrepierna que la confundía. Sin previo aviso, el chico la tomó de la mano y la llevó a una habitación apartada, lejos de las miradas curiosas de la fiesta.

Dentro de la habitación, la chavita se dejó llevar por la excitación del momento. La música de la fiesta se escuchaba como un murmullo lejano, mientras el chico comenzaba a quitarle la ropa con ansias. La chavita se dejaba hacer, con una mezcla de miedo y deseo palpable en el aire.

‘Eres tan puta’, murmuró el chico, mientras acariciaba los pechos desnudos de la chavita. Ella gemía suavemente, sintiendo como sus pezones se endurecían bajo sus caricias. La mano del chico se deslizó hacia su entrepierna, encontrando la humedad que indicaba su excitación.

‘Sí, sí’, respondió la chavita, con la voz entrecortada por el deseo. Sin más preámbulos, el chico la empujó sobre la cama y se colocó entre sus piernas, ansioso por tomarla, por cogerla como una bestia en celo.

Las respiraciones entrecortadas llenaban la habitación, mezcladas con gemidos y susurros obscenos. El chico se abalanzó sobre la chavita, devorando sus labios con pasión, mientras sus manos recorrían cada centímetro de su piel suave y caliente.

‘¡Cógeme! ¡Hazme tuya!’, gritó la chavita, con la voz cargada de deseo. El chico no necesitaba más invitación. Sin vacilar, se introdujo en ella, sintiendo como su verga dura y poderosa la llenaba por completo. La chavita gimió de placer, arqueando la espalda y aferrándose a las sábanas con fuerza.

El ritmo era frenético, desenfrenado, una danza carnal de cuerpos sudorosos y ansias desatadas. La chavita se abandonó al placer, entregándose por completo al desconocido que la poseía con fuerza y determinación.

‘¡Sí, sí, más fuerte! ¡Métemela toda!’, suplicaba la chavita, perdida en un mar de sensaciones desconocidas y excitantes. El chico obedecía, embistiéndola con furia, con pasión, llevándola al límite una y otra vez.

La habitación se llenaba de gemidos, de gritos de placer, de la música de dos cuerpos que se fundían en uno solo en medio de la noche. La chavita se aferraba al orgasmo que se acercaba, sintiendo como su cuerpo temblaba de excitación y deseo.

Finalmente, el éxtasis llegó, envolviendo a la chavita en un torbellino de sensaciones intensas y placenteras. Con un grito ahogado, se dejó llevar por la venida que la sacudió de pies a cabeza, mientras el chico se dejaba llevar por su propia lujuria desenfrenada.

Los gemidos se desvanecieron, sustituidos por la respiración agitada de dos cuerpos agotados y saciados. La chavita y el chico se quedaron abrazados, enredados en sábanas sudorosas, disfrutando de la calma después de la tormenta de pasión que habían vivido.

Así terminó la noche de la chavita de la prepa, una noche de desenfreno y lujuria que la marcaría para siempre, una noche en la que había sido puesta borracha y cogida como nunca antes.

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