chibola peruana dice que le da pena chupar polla

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La chibola peruana estaba en su habitación, nerviosa y excitada a la vez. Sus manos temblaban mientras se quitaba lentamente la ropa, dejando al descubierto su piel morena y sus curvas tentadoras. El sudor perlaba su frente, mezcla de ansiedad y deseo, anticipando lo que estaba por venir.

El chico se acercó a ella, con su verga erecta y palpitante, ansioso por sentir el calor de su boca. ‘¡Chupa esta pija, zorra!’, le ordenó con voz ronca, agarrando su cabeza y guiándola hacia su entrepierna.

La joven tragó saliva, sintiendo la verga palpitante rozando sus labios. ‘Me da pena…’, murmuró, pero el deseo ardiente que sentía entre sus piernas era más fuerte que cualquier remordimiento.

Con un gemido ahogado, la chibola tomó la verga en su boca, sintiendo el sabor salado de la piel y el olor a sexo que la embriagaba. Comenzó a mamar con ansias, moviendo su lengua con destreza y devorando cada centímetro.

‘Así, putita, así’, jadeaba el chico, embriagado por el placer de la mamada. Sus caderas se movían frenéticamente, marcando el ritmo de la cogida de su boca, mientras la chibola se atragantaba con cada embestida.

Los gemidos se mezclaban con el sonido de la mamada, un concierto de lujuria y deseo que llenaba la habitación. La chibola se aferraba a la verga con ansias, saboreando cada gota de semen que brotaba de ella.

‘¡Más profundo, más duro!’, gritaba el chico, empujando su verga hasta la garganta de la chibola, quien gemía y se atragantaba, sintiendo el placer mezclado con el dolor de la penetración brutal.

Después de un rato, el chico sacó su verga de la boca de la chibola y la giró bruscamente, dejándola boca abajo en la cama. ‘Ahora es turno de tu culito, putita’, anunció con voz firme, separando sus nalgas y exponiendo su ano ansioso.

La chibola soltó un gemido de anticipación, sintiendo la verga dura y caliente presionando contra su esfínter. Con un empujón brusco, el chico la penetró analmente, haciéndola gritar de dolor y placer al mismo tiempo.

‘¡Cógeme el culo, dame duro por detrás!’, suplicaba la chibola, sintiendo cómo su cuerpo ardía de deseo y dolor por la cogida anal. El chico embestía con fuerza, disfrutando de la estrechez y calidez de su ano apretado.

Los cuerpos sudorosos se movían en una danza frenética de placer, cada embestida haciendo gemir a la chibola y gruñir al chico. El sudor y los fluidos corporales se mezclaban, lubricando la penetración y aumentando el placer de la cogida salvaje.

Finalmente, el chico no pudo contenerse más y con un gruñido gutural se corrió dentro del culo de la chibola, llenándola con su venida caliente y espesa. La chibola gritó de placer al sentir el semen llenando su interior, convirtiendo el dolor en éxtasis puro.

Exhaustos y satisfechos, se quedaron tendidos en la cama, envueltos en el olor a sexo y la satisfacción de haber alcanzado el clímax más profundo de su lujuria desenfrenada.

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