cogiendo de perrito a una deliciosa colegiala en cuatro

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La tarde estaba bochornosa, con el sol pegando fuerte sobre el techo de láminas oxidadas de la vieja casa abandonada. En medio de la penumbra y el olor a humedad, se escuchaban los gemidos tenues de una deliciosa colegiala que, sobre una colchoneta destartalada, era cogida de perrito de forma salvaje por un hombre mayor y musculoso. Su uniforme de falda corta y camisa desabotonada yacían tirados en un rincón, mientras ella aferraba las sábanas con ferocidad, entregándose al placer prohibido en un acto de desenfreno desenfrenado.

El hombre, con su verga dura como roca, embestía una y otra vez el estrecho culo de la colegiala, quien soltaba pequeños gritos de placer mezclados con dolor. La escena era todavía más obscena por el contraste de su piel pálida y suave con la rudeza de los movimientos del hombre, quien no parecía tener piedad alguna.

‘¡Métemela toda, papi! ¡Sí, así, así! ¡Qué rico!’ gemía la colegiala, mientras el hombre le agarraba fuerte las caderas y la embestía con fuerza, haciéndola temblar de placer y dolor al mismo tiempo.

Los cuerpos sudorosos se entrechocaban en un vaivén de lujuria desenfrenada, en medio de gemidos y suspiros que se escapaban entre los muros sucios de la habitación abandonada. El olor a sexo y deseo llenaba el ambiente, mezclado con el aroma a suciedad y abandono.

‘¡Eres una putita caliente, colegiala! ¡Te gusta que te cojan duro, ¿verdad?!’, gruñó el hombre entre dientes, sin detener sus embestidas salvajes.

La colegiala, con el rostro entre la colchoneta, solo podía gemir y asentir, en medio de un mar de sensaciones placenteras y dolorosas que la llevaban al límite de su resistencia. Cada embestida era un martillo de deseo que la golpeaba sin piedad, llevándola al borde del abismo del placer.

‘¡Sí, papi! ¡Soy tu putita! ¡Coge mi culo como quieras! ¡Cógeme hasta que me rompas!’ clamaba la colegiala, entregándose por completo al deseo ardiente que la consumía por dentro.

El hombre, en un arranque de lujuria desenfrenada, incrementó el ritmo de sus embestidas, haciéndola gemir aún más fuerte y retorcerse de placer. Cada choque de sus cuerpos resonaba en la habitación solitaria, llenando el espacio con el sonido obsceno del sexo desenfrenado.

La colegiala estaba al borde del éxtasis, sintiendo cómo la presión en su interior se intensificaba con cada embestida del hombre. Sabía que el momento de la venida estaba cerca, y ansiaba dejarse llevar por la ola de placer que se avecinaba.

‘¡Voy a acabar, colegiala! ¡Voy a llenarte el culo de leche caliente! ¡Prepárate para sentir cómo te lleno por completo!’ gruñó el hombre, mientras incrementaba la intensidad de sus embestidas, llevándolos a ambos al límite del placer absoluto.

Y en un último arrebato de deseo incontrolable, el hombre se dejó llevar por la explosión de placer, vaciando su semen caliente en lo más profundo del culo de la colegiala. Un gemido gutural escapó de sus labios mientras se dejaba caer sobre ella, exhausto y satisfecho.

La colegiala, sintiendo el torrente de semen invadir su interior, alcanzó el clímax en un estallido de placer que la hizo temblar de arriba abajo. Los dos cuerpos se fundieron en un abrazo apasionado, compartiendo el éxtasis que los consumía por completo en medio de la penumbra de la habitación abandonada.

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