cogiendo en los baños de la escuela y le dice a su amigo que se esconda

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La tarde escolar estaba llegando a su fin, el bullicio de los pasillos se iba apagando lentamente mientras las últimas clases del día avanzaban. En uno de los baños de la escuela, dos adolescentes con las hormonas descontroladas se encontraban a solas en una de las cabinas, ansiosos por saciar sus deseos más oscuros y prohibidos.

En medio de susurros y risitas nerviosas, la chica desabrochó la bragueta del chico y liberó su verga ansiosa de acción. Sin perder tiempo, se arrodilló frente a él y tomó con ansias la pija en su boca, sintiendo cómo crecía y se endurecía con cada succión experta de sus labios hambrientos de placer.

‘¡Sí, así me gusta, puta!’ gemía el chico mientras acariciaba con desesperación el cabello de la chica, empujando su cabeza rítmicamente contra su miembro palpitante. ‘Chupa bien esa verga, que te voy a follar como te mereces.’

Los gemidos ahogados se iban intensificando, mezclados con el sonido de la ropa que se desgarraba apresuradamente en un intento desesperado por llegar al éxtasis. La chica, con una mirada de lujuria desenfrenada en sus ojos, se levantó y se quitó la blusa con rapidez, revelando unos senos jóvenes y firmes que invitaban a ser acariciados y devorados con avidez.

‘¿Quieres verga, zorrita?’ gruñó el chico, tomando con fuerza los pechos de la chica y apretándolos con deseo. Sin esperar respuesta, la empujó contra la pared, levantándole la falda para exponer su culo tentador y listo para ser poseído.

Con movimientos salvajes y ansiosos, el chico se abalanzó sobre ella, embistiéndola con ferocidad y deseo animal. Los cuerpos se fundieron en un torbellino de pasión desenfrenada, el sonido de la carne chocando resonaba en el pequeño cubículo, ahogado apenas por los gemidos roncos y excitados que salían de sus gargantas.

‘¡Sí, métemela toda, dame tu verga hasta el fondo!’ suplicaba la chica entre jadeos entrecortados, sintiendo cada embestida como un latigazo de placer que recorría su cuerpo en oleadas de éxtasis puro.

El sudor perlaba las frentes de los amantes clandestinos, el calor del momento se mezclaba con el olor a detergente barato y a fragancias juveniles, creando un ambiente denso y cargado de erotismo crudo y sin adulterar.

‘¿Te gusta así, putita?’ gruñó el chico, aumentando la velocidad y la intensidad de sus embestidas, sintiendo cómo el momento de la liberación se acercaba con rapidez. ‘Voy a llenarte de leche, zorra.’

Con un rugido gutural, el chico se dejó llevar por la oleada de placer que lo invadía, explotando en un torrente de semen que llenó el interior de la chica con una calidez que la hizo gemir de placer y éxtasis.

‘¡Sí, dame toda tu leche, lléname de ti, papi!’ gritaba la chica, sintiendo cómo su cuerpo se estremecía en un orgasmo arrollador e incontrolable que la dejó sin aliento y temblando de placer.

Después de un momento de reposo, los dos amantes se miraron con complicidad y una chispa de deseo aún encendida en sus pupilas. Con una sonrisa pícara, la chica le susurró al chico al oído: ‘Ahora es tu turno de esconderte, que viene mi amiga y también quiere jugar…’

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