Cogiendo rico entre dos a una amiga borracha

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La noche estaba caliente y cargada de lujuria cuando Juan, Pedro y Laura regresaron a casa después de una fiesta desenfrenada. Laura, una amiga cercana, estaba tan borracha que apenas lograba mantenerse en pie. Su vestido ajustado y escotado le quedaba corto, revelando sus enormes tetas casi saliéndose del escote. El olor a sudor y alcohol impregnaba la habitación, avivando los instintos más primitivos de los hombres.

Entre risas sugerentes, Juan y Pedro rodearon a Laura como depredadores. Pedro agarró una de las piernas de Laura y la levantó, mientras Juan le quitaba el vestido con brusquedad, dejándola únicamente en ropa interior. Laura, con la mirada perdida y la lengua fuera, se dejaba llevar por el morbo del momento.

‘¡Mira estas tetas! ¡Qué ricas están!’, exclamó Juan mientras agarraba con fuerza los pechos de Laura, apretándolos con rudeza. Pedro, excitado al máximo, le dio la vuelta a Laura y la inclinó hacia adelante, mostrando su culo redondo y tentador. ‘¡Qué culo más sabroso tienes, Laura! Voy a cogerte rico entre los dos’, susurró Pedro con voz ronca.

Los gemidos empezaron a llenar la habitación mientras Juan y Pedro se turnaban para follar a Laura, quien se abandonaba completamente al placer del momento. Las manos ásperas de los hombres recorrían su cuerpo sudoroso, apretando sus nalgas con fuerza y hundiendo sus dedos en su concha empapada de deseo.

‘¡Ahora quiero que me mames la verga, zorra!’, ordenó Pedro mientras empujaba la cabeza de Laura hacia su entrepierna. Sin vacilar, Laura comenzó a mamar la pija de Pedro con ansias, lamiendo cada centímetro de su dura verga y tragándosela hasta la garganta.

El sonido húmedo de la mamada se mezclaba con los gemidos de Laura, quien disfrutaba siendo usada por los dos hombres al mismo tiempo. Juan, excitado al límite, se colocó detrás de Laura y comenzó a penetrarla sin piedad, embistiéndola con fuerza mientras ella gemía de placer.

Los cuerpos sudorosos se movían en perfecta armonía, culeando en un vaivén frenético y salvaje. Laura, en un éxtasis de deseo, pedía más verga a gritos, rogando que la cogieran hasta el fondo y la hicieran temblar de placer.

‘¡Sí, sí, métemela toda por el culo, quiero sentirte hasta el fondo!’, suplicó Laura entre gemidos descontrolados. Pedro, excitado por las súplicas de Laura, no dudó en complacerla y la penetró analmente con fuerza, sintiendo el estrecho calor de su culo apretando su verga con fuerza.

El sudor y los fluidos corporales se mezclaban en un frenesí de placer y lujuria desenfrenada. Los gemidos se intensificaban a medida que los tres cuerpos se unían en un baile de sexo desenfrenado y sucio.

Finalmente, después de intensos minutos de culeo desenfrenado, Juan y Pedro no pudieron contenerse más y se corrieron sobre el cuerpo de Laura, cubriéndola de semen caliente y viscoso. Laura, exhausta pero completamente satisfecha, sonreía entre jadeos de placer, disfrutando de la cogida más intensa de su vida.

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