colegiala del CETIS le fascina mamar y se deja grabar por uno de sus compañeros

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La colegiala del CETIS, una jovencita de dieciocho años llamada Jimena, era conocida por su insaciable apetito sexual y su devoción por las mamadas. En el sucio salón de clases, después de la última clase del día, se encontraba con su compañero de banco Jorge, un chico musculoso de diecinueve años con una verga descomunal.

La tensión sexual entre Jimena y Jorge era palpable desde hace semanas. La colegiala se paseaba por los pasillos con faldas cortas que dejaban ver sus piernas torneadas y blusas entalladas que resaltaban sus generosos senos. Jorge, por su parte, no perdía oportunidad para rozar su verga accidentalmente contra ella en medio de la multitud.

En ese día en particular, después de que el último maestro se retirara del salón, Jimena se acercó a Jorge con una mirada desafiante. «¿Qué esperas, papi? Sé que tienes una verga grande y quiero chupártela hasta sacarte toda la leche», le susurró al oído con una voz cargada de lujuria.

Jorge no pudo resistirse a la propuesta indecente de la colegiala y rápidamente sacó su miembro erecto, grueso y palpitante, agitado por el deseo. «Ponte de rodillas, zorrita, y demuéstrame lo buena que eres para mamar», ordenó con voz ronca y autoritaria, disfrutando del poder que ejercía sobre Jimena.

La colegiala obedeció de inmediato, arrodillándose frente a Jorge y desabrochando su pantalón con una urgencia desenfrenada. Sin perder tiempo, tomó la verga de su compañero en sus manos y empezó a lamer el glande con una destreza que dejó a Jorge sin aliento. Su lengua jugaba con la cabeza hinchada, recogiendo cada gota de presemen que exudaba de la punta.

«Mmm, qué rica estás, zorrita. Sigue mamando mi verga como toda una puta», gemía Jorge, agarrando con fuerza el cabello de Jimena para marcar el ritmo de las succiones. La colegiala tragaba el sabor salado del miembro de Jorge con avidez, sintiendo cómo crecía aún más en su boca con cada succión apasionada.

El ambiente se llenaba de gemidos y susurros obscenos, mezclados con el sonido húmedo de la mamada que Jimena le estaba dando a su compañero. El sudor perlaba las frentes de ambos, empapando sus cuerpos juveniles y ansiosos de placer.

Jorge, excitado al extremo por la habilidad de Jimena para mamar vergas, decidió llevar las cosas un paso más allá. «Levántate, putita. Quiero cogerte contra el escritorio», ordenó con voz firme, ansioso por penetrar el estrecho y húmedo coño de la colegiala.

Jimena se puso de pie, con una sonrisa traviesa en sus labios, dispuesta a dejarse poseer por Jorge frente a la cámara improvisada que había colocado para grabar el encuentro prohibido. Se inclinó sobre el escritorio, ofreciendo su trasero firme y tentador a su compañero de clases.

Jorge no perdió tiempo y, sin necesidad de lubricante, empujó su pija dura y palpitante en el coño caliente de Jimena, quien soltó un gemido lujurioso al sentirse invadida por completo. Los gritos de placer resonaban en el aula vacía, marcando el ritmo frenético de la cogida salvaje.

Los cuerpos sudorosos de Jimena y Jorge se fundían en un torbellino de deseo y lujuria desenfrenada. Las embestidas de Jorge eran intensas y profundas, golpeando el punto exacto de placer de la colegiala una y otra vez, llevándola al borde del éxtasis.

«¡Sí, sí, así, sigue culeándome, Jorge! ¡Métemela toda, no pares!», gemía Jimena entre jadeos y suspiros entrecortados, sintiendo cómo el orgasmo se acercaba con una fuerza incontenible.

Con un gruñido gutural, Jorge sintió cómo el semen brotaba de su verga y se derramaba en el interior caliente y apretado de Jimena, quien alcanzó un clímax explosivo que la dejó temblando de placer sobre el escritorio.

El video grabado por Jorge se convirtió en un éxito viral en el CETIS, despertando la curiosidad y el deseo de muchos estudiantes que ansiaban experimentar el mismo grado de excitación y pasión desenfrenada que Jimena y Jorge habían demostrado en aquella experiencia inolvidable.

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