encontre a mi prima jugando playstation y la puse a mamar

Descargar
8214 views
1 likes
GRUPO TELEGRAM AQUI

La tarde transcurría lentamente en la casa de campo de la familia, con el sol brillando intensamente y aumentando la temperatura en cada rincón de la vivienda. La prima de Juan, Carolina, había llegado para pasar unos días de vacaciones y, casualmente, ambos se encontraban solos en la casa. Ambos eran jóvenes, con las hormonas descontroladas y el aburrimiento que carcomía sus cuerpos, generando una tensión sexual palpable en el ambiente.

Carolina, una chica de veinte años con una figura esbelta y un rostro angelical, se encontraba en la sala de estar concentrada en su juego de PlayStation. Vestía unos shorts ajustados que resaltaban sus prominentes nalgas y una camiseta corta que dejaba al descubierto su estómago plano y su escote tentador. Juan, observándola desde la puerta de la habitación, no pudo resistirse a la visión erótica que se le presentaba y decidió acercarse sigilosamente a ella.

‘Haciendo trampa en los videojuegos, ¿eh, prima?’ -dijo Juan con voz burlona, interrumpiendo la partida de Carolina quien se sobresaltó al escuchar su voz.

‘¡Ay, Juan! Me asustaste. No es trampa, solo estoy mejorando mis habilidades’ -respondió Carolina con una sonrisa pícara en sus labios rosados, sin sospechar las intenciones lascivas de su primo.

Ambos jóvenes se miraron intensamente por un momento, el aire cargado de deseo y tensión sexual. Juan no pudo contenerse más y, sin decir una palabra, se acercó a Carolina y la tomó por la cintura, atrayéndola hacia él. La joven, sorprendida pero excitada, no opuso resistencia y se dejó llevar por la atracción prohibida que sentía hacia su primo.

‘¿Qué estás haciendo, Juan?’ -preguntó Carolina, con un tono de voz entre nervioso y excitado.

Sin decir una palabra, Juan inclinó su rostro y capturó los labios de su prima en un beso ardiente y apasionado. Las lenguas se entrelazaron en un baile sensual y desenfrenado, mientras las manos de Juan exploraban el cuerpo de Carolina con deseo y avidez. La temperatura en la sala aumentaba exponencialmente, los cuerpos sudorosos anhelando más contacto y más placer.

‘Quiero cogerte, prima. Quiero sentir tu cuerpo contra el mío, quiero que seas mía’ -murmuró Juan entre besos y caricias, su voz cargada de lujuria y deseo.

Carolina, rendida al deseo que la consumía, asintió con la cabeza y se dejó llevar por la pasión desenfrenada que los envolvía. Juan la levantó en brazos y la llevó hasta el sofá, donde la depositó con cuidado antes de arrodillarse frente a ella. Sin más preámbulos, desabrochó el short ajustado de Carolina y lo deslizó lentamente por sus piernas, revelando su ropa interior mojada de excitación.

‘Voy a cogerme toda tu boca, prima. Vas a mamar mi verga hasta hacerme venir en tu boca’ -dijo Juan con voz ronca y autoritaria, su mirada llena de deseo y posesión.

Carolina, sin poder resistirse más, se arrodilló frente a su primo y tomó su verga erecta en sus manos, comenzando a lamerla con ansias de placer. Los gemidos de Juan llenaban la sala mientras su prima lo mamaba con destreza y pasión, su lengua experta recorriendo cada centímetro de su miembro palpitante.

El placer los consumía, el vicio los dominaba. Juan tomó a Carolina por el cabello y comenzó a guiar su cabeza, marcando el ritmo de la mamada con movimientos salvajes y desordenados. La excitación los embriagaba, el deseo los consumía, el incesto los unía en un acto prohibido y pecaminoso.

‘¡Sí, así, chupa mi verga, puta! ¡Hazme venir en tu boca, trágatelo todo!’ -gritaba Juan, perdido en la lujuria de la situación, sus palabras obscenas excitando aún más a Carolina quien aumentaba el ritmo de la mamada, ansiosa por probar el semen de su primo en su boca.

Finalmente, Juan no pudo contenerse más y con un gemido gutural, se dejó llevar por el placer abrumador de la venida, llenando la boca de Carolina con su semen caliente y espeso. La joven tragó cada gota con avidez, saboreando el sabor salado y embriagador del placer prohibido.

Exhaustos y satisfechos, se miraron a los ojos con complicidad, sabiendo que habían cruzado una línea prohibida pero que no podían negar el placer abrumador que habían experimentado juntos. El calor de la tarde se desvanecía, dejando solo la lujuria y el deseo latente entre ellos, marcando el inicio de una relación incestuosa que los consumiría en la pasión desenfrenada.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *