Eyaculando sobre mi amiga borracha xD

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La noche comenzó como cualquier otra entre amigos: risas, tragos y la promesa de una velada desenfrenada. Mi amiga, una zorra en celo disfrazada de chica recatada, no paraba de mover ese culo embriagador que me tenía al borde de la locura. Su vestido ceñido dejaba intuir unas tetas descomunales, y su mirada lujuriosa me hipnotizaba. Entre vasos de alcohol y miradas furtivas, noté cómo su coño desprendía un aroma a sexo que me hacía perder la compostura.

En un descuido, la vi tambalearse y supe que era mi momento. La llevé a la habitación, donde la dejé caer sobre la cama con la delicadeza de un bruto. Su respiración entrecortada me excitaba más de lo que jamás hubiera imaginado. Le arranqué la ropa con ansias animales, dejando al descubierto su cuerpo sudoroso y ansioso de ser poseído.

‘¡Cógeme, cabrón!’, gritó con voz ronca y desesperada, mientras yo devoraba sus pezones erectos con voracidad. Mi verga palpitaba pidiendo entrar en su concha húmeda y lista para ser penetrada. Sin mediar palabra, la embestí con fuerza, sintiendo cómo su gemido se fundía con el mío en una sinfonía de placer y lujuria desenfrenada.

Sus uñas arañaban mi espalda, marcándome como suyo mientras el sudor y el deseo se entrelazaban en un baile macabro de cuerpos en éxtasis. La embestía sin piedad, sintiendo cada centímetro de mi verga desgarrando su interior, haciéndola gemir y suplicar por más. Nuestros fluidos se mezclaban en una danza sucia y deliciosa, lubricando el camino hacia un orgasmo que se acercaba a pasos agigantados.

Con un grito gutural, la di la vuelta y sin miramientos la penetré por el culo, sintiendo cómo su esfínter se abría para recibirme con ansias. ‘¡Cógeme el culo como la puta que soy!’, suplicó entre gemidos y alaridos de placer desenfrenado. Mis embestidas eran salvajes, profundas, brutales, llevándonos a ambos al borde del abismo del placer más oscuro y pecaminoso.

El sonido de nuestros cuerpos chocando retumbaba en la habitación, acompañado por gemidos, gruñidos y el chapoteo de nuestros fluidos enloquecidos. La visión de su espalda arqueada y su culo en pompa era surrealista, excitante, obscena. Cada embestida era un acto de posesión, de dominio, de entrega total a la lujuria más primitiva y animal.

‘¡Ven en mi cara, cabrón!’, ordenó con una voz que denotaba una excitación desenfrenada. Sin pensarlo dos veces, saqué mi verga de su culo dilatado y apunté directo a su rostro angelical cubierto por una máscara de deseo y éxtasis. Con un último impulso, dejé salir el torrente de semen que la bañó por completo, convirtiéndola en mi puta, en mi zorra, en mi todo.

Caí exhausto a su lado, contemplando su rostro cubierto de semen y satisfacción. Ambos jadeábamos, embriagados por el placer prohibido pero tan deseado. La noche aún era joven y la promesa de más perversiones colgaba en el aire, dejando claro que aquella no sería la última vez que nos perderíamos en los abismos del deseo más oscuro y delicioso.

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