graban a colegiala del COBAE dandole una rica mamada al novio en el salon

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En el decadente y abandonado salón de clases del Centro de Bachillerato Tecnológico Agropecuario, dos alumnos se encontraban en medio de una situación sumamente lasciva. La colegiala, conocida por su uniforme ceñido y su actitud provocativa, se arrodillaba ante su novio, un chico rudo y descarado que se jactaba de su gran pene. Era un día ordinario, pero la necesidad urgente de satisfacción sexual los había llevado hasta ese lugar inusual.

El olor a humedad y a libros antiguos impregnaba el ambiente, creando una atmósfera densa y excitante. La luz tenue que se filtraba por las ventanas sucias apenas iluminaba la escena, convirtiendo la situación en algo clandestino y emocionante. La colegiala, con su falda corta levantada y sus medias caídas, se aferraba con avidez a la verga palpitante de su novio, quien gemía de placer y gozaba del río de sensaciones que inundaban su entrepierna.

‘Oh, sí, bebé, así, sigue mamando esa pija dura’, gruñó el chico, agarrando con fuerza el cabello de la colegiala y haciendo que se ahogara un poco con su miembro enorme. Los sonidos húmedos de la mamada resonaban en el vacío del salón, mezclándose con los gemidos de la chica que se entregaba por completo a la lujuria desenfrenada.

La lengua deslizándose por el tronco venoso, los labios ansiosos succionando con fuerza, la saliva resbalando por la verga ansiosa de ser complacida. Cada succión, cada lamida, cada movimiento coordinado provocaba en el chico una oleada de placer incontrolable, llevándolo al borde del éxtasis.

‘Eso es, putita, te voy a llenar la boca de leche caliente’, gruñó el novio, empujando su cadera hacia adelante y obligando a la colegiala a tragarse hasta la última pulgada de su falo palpitante. La garganta de la chica se contrajo al sentir la verga acariciando su campanilla, pero ella no se detuvo, deseaba la venida de su amante con una ansia insaciable.

El sudor perlaba las frentes de ambos, la excitación palpable en el aire viciado del salón. El sonido de la verga entrando y saliendo de la boca caliente de la colegiala resonaba con fuerza, acompañado por los gemidos entrecortados y los susurros obscenos que se escapaban de los labios desesperados.

‘¡Oh, sí, así, así, me voy a correr!’ gritó el chico, sintiendo cómo el éxtasis se apoderaba de él, cómo la fiebre de la venida se apoderaba de su ser. La colegiala intensificó sus esfuerzos, mamando con más fuerza, chupando con pasión desenfrenada, deseando el sabor del semen en su boca sedienta. Y entonces, el momento llegó.

Con un gemido gutural, el chico arqueó su espalda y dejó que el torrente de semen caliente y pegajoso inundara la boca de la colegiala, quien recibió cada gota con devoción y lujuria desenfrenada. El sabor salado del esperma llenó su paladar, provocando en ella una satisfacción inigualable, una sensación de plenitud y deleite absolutos.

El salón, testigo mudo de aquella escena obscena y gratificante, se llenó de un silencio tenso y cargado de sensualidad. La colegiala, con la cara manchada de semen y una sonrisa de satisfacción, se levantó lentamente y se acercó al novio, besándolo con pasión desenfrenada y susurrándole al oído palabras de gratitud y deseo desmedido.

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