la chavita se pone un hilo de su hermana y miren lo putita que ve

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La historia de la chavita y su hilo de su hermana comenzó en un caluroso día de verano en el pequeño pueblo donde vivían. La chavita, de apenas 19 años, se había despertado esa mañana con una calentura incontrolable que la tenía al borde de la locura. Hacía semanas que no tenía un buen polvo y su cuerpo pedía a gritos ser satisfecho. Esa tarde, mientras revisaba el cajón de la ropa interior de su hermana mayor en busca de algo sexy para ponerse, se topó con un diminuto hilo dental que la hizo sentir aún más cachonda. Sin pensarlo dos veces, decidió probárselo y lo ajustó firmemente alrededor de su menuda cintura. Al mirarse en el espejo, se sintió tan provocativa y descarada que no pudo resistir la tentación de grabarse en video para enseñarle a sus amigos lo putita que se veía.

La habitación de la chavita estaba en penumbras, apenas iluminada por la luz mortecina que se filtraba por las cortinas semiabiertas. En la grabación, se la veía contoneándose frente a la cámara con una mirada lujuriosa en los ojos, sus largos cabellos negros y ondulados caían como una cascada sobre sus hombros desnudos. La música reggaetonera sonaba de fondo, añadiendo un toque aún más sensual a la escena. No pasó mucho tiempo antes de que un mensaje privado iluminara la pantalla de su móvil y notificara que su vecino, un joven atractivo y bien dotado, estaba dispuesto a cumplir todas sus fantasías sexuales.

‘Mmm, qué calientita te veo, putita’, le escribió el vecino, conocedor de la reputación que la chavita tenía en el vecindario. Sin siquiera dudarlo, la chavita le respondió con una selfie provocativa que mostraba sus voluptuosos labios entreabiertos y una mirada lasciva que prometía mucho placer. Unos minutos más tarde, la puerta de su habitación se abrió de golpe y el vecino irrumpió en escena, visiblemente excitado y con la pija dura como una roca.

‘¡Oh sí, vamos a coger bien duro!’, exclamó el vecino, agarrando a la chavita por la cadera y apretándola contra su cuerpo musculoso. La chavita gimió de placer al sentir el contacto de su verga ardiente contra su abdomen, saboreando la anticipación del sexo que se avecinaba. Sin perder tiempo, el vecino la volteó de espaldas y la empujó hacia la cama, donde la hizo arquear la espalda para ofrecerle su culo tentador y deseoso de ser penetrado.

‘Anda, cógeme como la perra que soy’, susurró la chavita con voz entrecortada de deseo, mientras el vecino le bajaba las diminutas bragas y le separaba las nalgas con rudeza. Con una maestría inigualable, el vecino hundió su verga en la concha húmeda de la chavita, haciendo que esta gritara de placer y dolor al mismo tiempo. Cada embestida era más profunda y salvaje que la anterior, llevando a la chavita al borde del éxtasis en cuestión de minutos.

‘¡Sí, sí, así, así me encanta cómo me coges!’, gemía la chavita, moviendo sus caderas al ritmo frenético impuesto por el vecino, quien no escatimaba esfuerzos en complacerla. Los gemidos, los suspiros y los sonidos obscenos llenaban la habitación, creando una sinfonía de placer que solo podía culminar en una explosión de deseo incontrolable.

El vecino, sintiendo que el momento de la venida estaba cerca, decidió cambiar de postura y colocar a la chavita a cuatro patas, ofreciéndole su culo como trofeo de guerra. Con ansias desbordantes, el vecino jugó con la lengua en el ano de la chavita, preparándolo para la embestida anal que estaba por venir.

‘¡Oh sí, por favor, dame por el culo, cógeme sin compasión!’, suplicaba la chavita entre gemidos incontrolables, mientras el vecino le introducía la pija dura con fuerza y determinación. Cada embestida en su entrada trasera la llevaba más cerca del límite de la cordura, hasta que finalmente ambos estallaron en un clímax abrumador y desgarrador.

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