le suben volumen a la tele para que no los escuchen sus padres

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La habitación estaba en penumbras, solo iluminada por la luz azulada de la televisión encendida. Él y ella se miraban con deseo, sabiendo que estaban a punto de hacer algo prohibido. Se acercaron lentamente, sintiendo el calor emanando de sus cuerpos sudorosos.

Él le levantó la camiseta, revelando unos pechos grandes y firmes que lo volvían loco de deseo. Sin decir una palabra, se abalanzó sobre ellos, succionando los pezones con avidez, mientras ella gemía de placer.

«¡Sí, así, chúpamelas fuerte!» ella gimió, arqueando la espalda para darle mejor acceso. Él obedeció, alternando entre uno y otro pezón, mordisqueándolos suavemente y disfrutando de cada gemido que escapaba de sus labios.

Ella no pudo resistirse más y desabrochó su pantalón, liberando su verga dura y ansiosa de acción. Sin pensarlo dos veces, se arrodilló y la tomó en su boca, succionando con fuerza y moviendo la lengua con destreza.

«¡Qué mamada, puta!» él gruñó, agarrando su cabello y controlando el ritmo de la felación. Ella lo miró a los ojos con lujuria, disfrutando de sentirlo tan duro entre sus labios.

Con un gesto brusco, él la levantó y la inclinó sobre el sofá, dejando al descubierto su culo perfecto. Sin previo aviso, la penetró con fuerza, haciendo que ella gritara de placer y dolor al mismo tiempo.

«¡Sí, métela toda en mi culo, rompédmelo, cabrón!» ella gritaba, arañando el tapizado del sofá mientras él embestía con fiereza, sintiendo cómo sus cuerpos se fundían en una danza de lujuria desenfrenada.

Cada embestida era más profunda y brutal que la anterior, haciendo que ella perdiera el control y se entregara por completo al placer. Los gemidos se mezclaban con el sonido de la televisión, creando una sinfonía de sexo desenfrenado.

«¡Sí, así, dame más!» ella suplicaba, sintiendo cómo su cuerpo se llenaba de deseo y ansias de más placer. Él la agarró de las caderas y la embistió con fuerza, llevándola al borde del abismo del orgasmo.

Finalmente, ella alcanzó el clímax, gritando de placer mientras su cuerpo se estremecía con espasmos de éxtasis. Él la siguió de cerca, dejando escapar un gruñido gutural mientras se vaciaba en su interior, llenándola con su venida caliente y espesa.

Se quedaron abrazados, jadeantes y sudorosos, disfrutando del momento de éxtasis compartido. Sabían que debían ser cuidadosos, que debían mantener el volumen de la televisión alto para que sus padres no los escucharan en medio de su perversión.

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