morrita colegiala recibe su regalo de navidad pero le duele mucho

Descargar
14144 views
15 likes
GRUPO TELEGRAM AQUI

La morrita colegiala estaba ansiosa por su regalo de Navidad. Había coqueteado durante todo el semestre con su profesor de matemáticas, un hombre maduro y atractivo que no pudo resistir la tentación de poseer a esa joven y jugosa colegiala de dieciocho años. La esperaban en el aula vacía, decorada con algunas luces intermitentes y un árbol de Navidad solitario en la esquina. La tensión sexual se palpaba en el aire, mezclada con el aroma a deseo y lujuria.

Ella, con su uniforme escolar ceñido a su cuerpo juvenil, se acercó tímidamente al profesor. Él la miró con los ojos cargados de deseo, sabiendo que por fin le daría el regalo que tanto ansiaba. Sin mediar palabra, la tomó de la mano y la llevó hacia el escritorio donde tantas veces había imaginado a esta colegiala pecaminosa en posiciones indecentes.

‘¿Estás lista para tu regalo de Navidad, pequeña puta?’, susurró el profesor en su oído, haciendo que ella temblara de excitación. ‘¡Sí, sí! ¡Quiero mi regalo!’, respondió ella con voz entrecortada, sintiendo como la humedad entre sus piernas se intensificaba ante la proximidad del maestro.

Él la empujó suavemente sobre el escritorio, levantando su falda corta y exponiendo las bragas mojadas que ocultaban su tesoro más preciado. Sin preámbulos, el profesor se arrodilló frente a ella y comenzó a lamer sus muslos, acercándose peligrosamente a su sexo palpitante. Los gemidos de la colegiala resonaban en el aula vacía, haciendo eco en las paredes testigos de esa pasión desenfrenada.

‘¡Oh, sí! ¡No pares! ¡Méteme tu lengua!’, suplicó ella, arqueando la espalda y aferrándose al borde del escritorio. El profesor respondió a sus súplicas, hundiendo su lengua en la intimidad de la morrita colegiala, saboreando su dulce néctar de juventud. Los orgasmos se sucedían uno tras otro, tejiendo una red de placer que los consumía por completo.

Finalmente, el profesor se puso de pie y liberó su verga endurecida, ansiosa por penetrar el estrecho y virginal sexo de la colegiala. Sin mediar palabra, la morrita se inclinó hacia adelante, ofreciendo su cuerpo sin reservas al hombre que tanto deseaba. La verga gruesa del maestro la invadió lentamente, desgarrando su virginidad con cada centímetro que se adentraba en su interior.

‘¡Ay, me duele! ¡Pero quiero más! ¡No pares, por favor!’, gritaba la colegiala entre gemidos de dolor y placer. El profesor embestía con fuerza, culeando a la joven como si su vida dependiera de ello. El sonido de la carne chocando contra carne llenaba el aula, mezclado con los gritos de éxtasis de ambos amantes.

La morrita colegiala se aferraba al borde del escritorio, sintiendo cómo su cuerpo se llenaba de un fuego ardiente que amenazaba con consumirla. Cada embestida del profesor la llevaba más cerca del abismo del placer, sumergiéndola en un torbellino de sensaciones indescriptibles.

Finalmente, el profesor no pudo contenerse más y se derramó dentro de la joven colegiala, llenando su interior con su venida caliente y espesa. Ambos alcanzaron el clímax juntos, fundiéndose en un abrazo apasionado que sellaba su unión carnal en aquel aula solitaria.

La morrita colegiala sonreía con satisfacción, sabiendo que su regalo de Navidad había sido mucho más intenso y placentero de lo que había imaginado. El profesor la miraba con ojos llenos de deseo, prometiéndole más encuentros secretos y prohibidos en el futuro.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *