Morrita colegiala se deja llenar la boca de semen

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La morrita colegiala se dejó convencer por unos cuantos billetes. Su uniforme escolar era ahora una provocación, apenas cubriendo sus tetitas rebosantes de juventud y sus nalguitas firmes y apretadas. El sudor perlaba su frente mientras se arrodillaba, ansiosa por coger y mamar sin parar.

La verga dura como una roca se presentó frente a ella, brillante de deseo y anticipando la mamada que estaba por recibir. ‘¡Métemela toda en la boca, putita!’, gruñó el macho al verla titubear. Sin decir nada, abrió su boquita y aceptó la embestida, sintiendo cómo el miembro la invadía hasta la garganta.

Los gemidos guturales de la colegiala resonaban en la habitación, mezclándose con el sonido húmedo de la mamada. La saliva brotaba en exceso, chorreando por su mentón y sus tetas, mojando su uniforme y creando un espectáculo obsceno digno de una verdadera zorra.

‘¡Trágatela toda, perra!’, ordenó el hombre mientras empujaba su verga más y más profundo, violando su boca sin compasión. La morrita, sometida y excitada, obedecía sin rechistar, entregándose al placer del sexo oral extremo.

El sabor salado del semen asomaba ya en la punta de su lengua, anunciando la venida inminente. ‘¡Voy a llenarte la boca de leche, cerda!’, gruñó el macho, acelerando el ritmo de las embestidas y empujando hasta el límite.

Con un alarido ahogado, la morrita recibió la primera descarga de semen, caliente y viscosa, llenando su boca hasta rebosar. El sabor metálico y la sensación pegajosa inundaron su paladar, mientras seguía mamando con desesperación, sin detenerse ni un segundo.

‘¡Traga todo, no dejes ni una gota!’, ordenó el hombre, aferrándose a su cabecita y obligándola a recibir cada chorro con avidez. La morrita, con lágrimas en los ojos y el maquillaje corrido, obedeció, engullendo cada gota como si fuera el elixir de la lujuria.

La escena era grotesca, brutal, pero excitante. La morrita colegiala, hecha toda una puta, recibía la follada de boca más intensa de su vida, saboreando el semen como si fuera su alimento preferido, entregándose al placer más sucio y degradante.

Los gemidos, cada vez más guturales, se mezclaban con los gruñidos del hombre, que no cesaba en su embestida. La morrita, con la cara empapada de sudor, saliva y semen, era ahora un objeto de placer, una zorra insaciable sedienta de más y más verga.

‘¡Eres mi puta, mi perra, mi zorra!’, gritó el macho al borde del éxtasis, sintiendo cómo su venida se aproximaba. La morrita, con la boca llena de semen, lo miró con ojos suplicantes, rogando por más, por una última embestida que la dejara completamente llena y satisfecha.

La explosión de semen final fue monumental, llenando la boca de la morrita hasta desbordar. Los chorros calientes y viscosos se esparcieron por su rostro, sus tetas, su uniforme, cubriéndola por completo en un baño de esperma que la dejó jadeante, exhausta, pero increíblemente excitada.

‘¡Así me gusta, puta! ¡Llena de semen y bien cogida!’, exclamó el macho triunfante, contemplando su obra maestra de degradación y lujuria. La morrita, con la boca y el cuerpo manchados de esperma, sonrió con satisfacción, sabiendo que había cumplido su cometido de ser la colegiala más sucia y depravada del barrio.

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