La morrita de 16 años se encontraba nerviosa y excitada al mismo tiempo. Había fantaseado durante semanas con la idea de perder su virginidad, y hoy finalmente estaba a punto de hacerlo con su amigo de la prepa. Se habían visto a escondidas en la casa de él, aprovechando que sus padres no estaban. La habitación estaba inundada por la tensión sexual, palpable en el aire denso. La morrita miraba con deseo a su amigo, rogando en silencio que se lanzara al acto.
El amigo, por su parte, también estaba ansioso. Había soñado con este momento desde que vio por primera vez a la morrita en la escuela. Su excitación era palpable bajo sus pantalones, una verga dura y lista para tomar la virginidad de su amiga. Con una mezcla de cariño y deseo, se acercó a ella y la tomó entre sus brazos, fundiéndose en un beso apasionado.
‘Vamos a hacerlo’, susurró el chico, con voz ronca de deseo. ‘¿Estás lista?’
La morrita asintió con la cabeza, mordiéndose el labio inferior en anticipación. Se despojaron lentamente de sus ropas, revelando cuerpos juveniles ansiosos por el contacto carnal. La morrita tenía unas tetas pequeñas pero firmes, coronadas por unos pezones rosados que apuntaban hacia el techo en señal de excitación.
El chico se arrodilló frente a ella y comenzó a lamer suavemente uno de sus pezones, provocando gemidos ahogados de placer en la morrita. Sus manos recorrieron su piel suave y temblorosa, hasta llegar a su concha virgen, ansiosa por recibir la pija de su amigo. Con dedos expertos, comenzó a acariciar su clítoris, haciendo que la morrita se retorciera de placer.
‘Cógeme’, gemía la morrita, entregándose por completo al deseo carnal. ‘Hazme tuya, quiero sentir tu verga dentro de mí’.
El amigo no se hizo esperar y se colocó entre las piernas abiertas de la morrita. Lentamente, fue introduciendo su verga en la concha estrecha y mojada de su amiga, sintiendo cómo la virginidad de la morrita se desgarraba en un gemido agudo de dolor y placer. La morrita apretó los dientes, sintiendo una mezcla de dolor y éxtasis al ser penetrada por primera vez.
‘¡Ay, me duele!’ gemía la morrita, sintiendo cómo su cuerpo se abría para recibir la verga de su amigo. ‘¡Pero me gusta, no pares!’
El amigo comenzó a coger a la morrita con fuerza, embistiendo su concha con ritmo frenético. Los cuerpos sudorosos chocaban entre sí, produciendo un sonido húmedo y obsceno que llenaba la habitación. La morrita gemía y gritaba de placer, sintiendo cómo el orgasmo se acercaba con cada embestida.
‘¡Sí, sí, así, dame más fuerte!’ exclamaba la morrita, arqueando la espalda de puro placer. ‘¡No pares, cógeme hasta que me desmaye!’
El amigo no necesitaba más indicaciones y aumentó el ritmo de sus embestidas, sintiendo cómo su verga se hundía en lo más profundo de la concha de la morrita. La fricción era intensa, ardiente, casi dolorosa, pero ninguno de los dos quería detenerse. Estaban en un frenesí de sexo desenfrenado, explorando juntos los placeres desconocidos del cuerpo juvenil.
Finalmente, la morrita sintió cómo el orgasmo la envolvía en una ola de placer incontrolable. Gritó el nombre de su amigo mientras su cuerpo se estremecía en espasmos de éxtasis, sintiendo cómo el semen caliente de su amigo llenaba su concha virgen. El amigo también llegó al clímax, derramando su semen dentro de ella en un acto de posesión total y absoluta.
Así, la morrita de 16 años perdió su virginidad con su amigo de la prepa, inaugurando una nueva etapa llena de pasión, deseo y lujuria desenfrenada.



