penetrando una vagina estrecha de una morrita colegiala del CETIS

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La tarde caía sobre el CETIS, un colegio de bachillerato en las afueras de la ciudad. Los pasillos vacíos resonaban con el murmullo de los alumnos que se dirigían a casa, pero en uno de los salones abandonados, la atmósfera era completamente distinta. Dos amantes se encontraban allí, en secreto, clamando por el calor del deseo y la pasión que los consumía.

Él era un chico rebelde, con la mirada llena de lujuria y la verga erecta bajo el pantalón desgastado. Ella, una morrita colegiala con uniforme ajustado y mirada traviesa, tenía una vagina estrecha que ansiaba ser penetrada por la pija dura de aquel joven insaciable.

En la penumbra del aula, se abrazaron con ansias voraces, sus manos explorando cada centímetro de sus cuerpos jóvenes y ardientes. La excitación se palpaba en el aire, mezclada con el olor a sudor y la promesa de placer inminente.

‘¡Ábreme las piernas, putita!’, gruñó él con deseo, sus labios rozando el cuello de la colegiala mientras desabrochaba su falda escolar. Ella gemía de anticipación, sintiendo la verga palpitante presionando contra su entrepierna.

‘¡Hazme tuya, cabrón!’, respondió ella con voz entrecortada, sus manos ansiosas por liberar la pija ansiosa de la prisión de sus pantalones. Con un movimiento rápido, él se despojó de su ropa interior y la tomó con fuerza, colocándola a horcajadas sobre el escritorio polvoriento.

Con un gemido de pura lujuria, él la penetró con violencia, llenando su vagina estrecha con la verga palpitante y gruesa. La colegiala se aferraba al borde del escritorio, sintiendo cada embestida como un rayo de placer que recorría su joven cuerpo con un frenesí indomable.

‘¡Así, así, dame más!’, clamaba ella, arqueando la espalda y ofreciendo su trasero con ansias de ser azotado. Él no se hizo esperar y le dio nalgadas firmes, marcando su piel pálida con la evidencia del deseo desenfrenado.

El vaivén de sus cuerpos desnudos era hipnótico, una danza de pasión y deseo desbocado que los consumía por completo. Él la cogía con furia, embistiendo su vagina estrecha con una ferocidad primitiva que los envolvía en un torbellino de placer incontenible.

‘¡Voy a venirse, putita!’, anunció él con la voz entrecortada por el éxtasis inminente. Ella lo recibió con ansias voraces, apretando su vagina estrecha alrededor de la verga palpitante que la culeaba sin piedad.

Y entonces, en un estallido de éxtasis y deseo, él se dejó llevar por la vorágine del orgasmo, derramando su semen caliente en el interior de la colegiala que lo recibía con gemidos de éxtasis y satisfacción.

El aula quedó envuelta en un silencio sepulcral, roto solo por el jadeo agitado de los amantes que se desplomaron exhaustos sobre el escritorio, sus cuerpos sudorosos y saciados por el fuego del placer compartido.

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