Que deliciosas tetas tiene mi prima

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La cámara temblaba levemente mientras enfocaba las tetas de mi prima, embutidas en un ajustado top rosa que apenas podía contener su voluminoso pecho. Gotas de sudor perlaban mi frente al imaginar lo que haría con esas deliciosas tetas. Mis manos temblorosas ansiaban cogerlas, sentir su suavidad, acariciar sus pezones erectos. Era un morbo enfermizo, pero no podía resistirlo.

Con un gesto pícaro, mi prima se desabrochó la blusa lentamente, dejando al descubierto sus senos firmes y tentadores. ‘¿Te gusta lo que ves, eh?’, dijo con voz juguetona. ‘Sé que quieres cogerte estas tetas’, añadió mordiéndose el labio inferior con lujuria. Mis pantalones se ajustaron incómodamente, indicando mi excitación desenfrenada.

‘¡Cógeme las tetas, primo!’, exclamó ella con descaro, incitándome a satisfacer mis más bajos deseos. No pude resistir más y me lancé sobre su pecho, apretando con ansia, amasando con fuerza. Ella gemía de placer, disfrutando cada segundo de esa cogida desenfrenada.

La escena se volvía cada vez más sucia y depravada. Las manos de mi prima bajaron por mi torso hasta llegar a mi entrepierna, donde mi verga palpitaba con deseo incontenible. ‘¿Quieres que te la mame hasta sacarte la leche, eh?’, murmuró con voz ronca, con los ojos brillando de deseo.

‘¡Mámamela toda, perra!’, le grité con rudeza, empujando su cabeza hacia mi entrepierna hambrienta. La sensación de su boca cálida y húmeda envolviendo mi pija era indescriptible. Cada succión, cada lamida, me llevaba al borde de la locura, haciendo que mi verga palpitara con más fuerza.

Entre gemidos y jadeos intensos, nos despojamos de la ropa restante, quedando ambos desnudos y expuestos, listos para el sexo más salvaje. Mi prima se puso a cuatro patas, ofreciéndome su culo provocativamente. ‘¡Cógeme duro por el culo, primo!’, pidió con voz suplicante, ansiosa por ser penetrada sin compasión.

No perdí tiempo y me coloqué detrás de ella, sosteniendo mi verga dura y lista para el anal más salvaje. Sin previo aviso, la penetré con fuerza, sintiendo cómo mi pene se abría paso en su estrecho agujero. Ella gritó de dolor y placer, mezclando ambas sensaciones en un éxtasis indescriptible.

Los sonidos de nuestros cuerpos chocando resonaban en la habitación, mezclándose con los gemidos y gritos de lujuria. Cada embestida era más brutal que la anterior, cada penetración más profunda y salvaje. Estábamos culeando como animales en celo, sin contenernos en nada.

‘¡Métemela toda, rompe mi culo!’, exigía mi prima entre sollozos y gemidos desgarradores. Mis embestidas se volvieron más frenéticas, más descontroladas, acercándonos al clímax más intenso que hayamos experimentado.

Finalmente, con un grito gutural, me dejé llevar por la pasión desenfrenada y me corrí dentro de su culo, llenándola con mi venida caliente y espesa. Ella se estremeció de placer al sentir mi semen inundando su interior, experimentando un orgasmo tan intenso que parecía desmayarse de la emoción.

Nuestros cuerpos sudorosos y exhaustos yacían sobre la cama, satisfechos y saciados por el sexo más salvaje y prohibido que habíamos compartido. Sabíamos que aquello era solo el comienzo de una serie de encuentros repletos de lujuria y perversión sin límites.

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