resulto ser tan putita y provocativa i amiga de la prepa

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Resultó ser tan putita y provocativa mi amiga de la prepa que era imposible resistirse a sus encantos. Desde hace semanas venía coqueteándome, mandándome mensajes sugerentes y enviándome fotos atrevidas que me tenían al borde del delirio. Finalmente, llegó el momento en el que ambos no pudimos contener más la pasión y decidimos encontrarnos en un sucio motel de carretera para saciar nuestras ansias de placer.

El lugar era sombrío, con una luz tenue que apenas iluminaba la habitación, la cual olía a tabaco y sudor. La cama chirriaba con cada movimiento, la colcha llena de manchas que mejor no indagar su origen. Nos lanzamos sobre ella como animales en celo, devorándonos con la mirada antes de que ella se arrodillara ante mí, desabrochara mi pantalón y liberara mi verga dura como una roca.

‘»¿Te gusta lo que ves, putita?», le dije con tono desafiante mientras acariciaba su rostro con deseo. Ella asintió con una sonrisa pícara y empezó a mamármela con avidez, saboreando cada centímetro de mi miembro con habilidad. Sus labios húmedos recorrían mi pija de arriba abajo, mientras sus ojos brillaban de deseo y lujuria.

Escuchaba sus gemidos de placer resonar en la habitación, mezclándose con mis gruñidos de excitación. La agarré del cabello con fuerza y empecé a marcar el ritmo de la mamada, sintiendo cómo su lengua jugaba con mi glande y sus manos acariciaban mis testículos. Estaba absorto en el placer que ella me brindaba, entregándome por completo a esa succión deliciosa que me llevaba al borde del precipicio.

‘»¡Oh sí, sigue así, sigue mamando esa verga como la zorra que eres!», le ordené entre gemidos, notando cómo ella se esmeraba en complacerme aún más. Y justo cuando sentí que no podía aguantar más, la aparté bruscamente y la tumbé sobre la cama, dispuesto a devolverle el placer que me había dado.

Sus tetas se veían tentadoras bajo su blusa ajustada, ansiosas de ser liberadas de su prisión. No me hice esperar y le arranqué la prenda, revelándome unos pechos firmes y perfectos que me llamaban a chuparlos con ansias. Me abalancé sobre ellos, lamiendo sus pezones con avidez, mientras ella gemía sin control y arqueaba la espalda de puro placer.

‘»¿Así que te gusta que te chupen las tetas, eh?», le dije entre jadeos mientras mi verga latía de deseo por penetrarla. Ella simplemente asintió, con la mirada perdida en el éxtasis que la invadía. Sin más preámbulos, me coloqué entre sus piernas y fui directo al grano, hundiéndome en su concha mojada y lista para ser cogida.

Cada embestida era un gemido, un susurro, un grito de placer compartido. Nos movíamos al unísono, en perfecta sincronía, como si nuestros cuerpos hubieran estado destinados a estar juntos en ese momento. Sentía cómo su interior apretaba mi verga con fuerza, como si no quisiera soltarme jamás, y yo respondía con cada embestida, con cada roce, llevándonos a un éxtasis compartido que parecía no tener fin.

‘»¡Sí, sí, dame más, métemela toda, estoy a punto de venirme!», gritó ella entre gemidos descontrolados, abrazándome con fuerza y clavando sus uñas en mi espalda. Y justo en ese instante, nos dejamos llevar por la explosión de placer, sintiendo cómo el orgasmo nos invadía por completo, haciéndonos temblar y jadear con la intensidad de la culminación.'»

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