se la meti por el culito a mi amiga y me pide mas

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Cada vez que recuerdo aquella noche, no puedo evitar sentir mi entrepierna palpitar con ansias de revivir el momento en que le metí la verga por el culito a mi amiga y escucharla rogándome por más. Todo empezó en una reunión en casa de un amigo en común, estábamos bebiendo y riendo como si no hubiera un mañana. Nadie hubiera sospechado que bajo esas risas se fraguaba una tensión sexual inminente entre mi amiga y yo.

La habitación estaba cargada de un olor a alcohol y tabaco que impregnaba nuestras ropas, sumado a la música estridente que nos envolvía en un ambiente de desinhibición. Mi amiga y yo nos encontramos a solas en un rincón y en ese instante supe que era mi oportunidad de llevar nuestra amistad a un nivel más íntimo y carnal.

‘¿Por qué no nos escapamos un rato?’ – propuse con voz ronca, mirándola con deseo. ‘Tengo ganas de cogerte en este momento’, agregué con un tono lascivo que dejó en claro mis intenciones. Ella me lanzó una mirada llena de lujuria y asintió, sabiendo perfectamente a qué me refería.

Nos deslizamos silenciosamente fuera de la fiesta y nos refugiamos en un cuarto oscuro, apenas iluminado por la luz de la luna que se colaba por la ventana. Las sombras danzaban sobre su figura, delineando sus curvas provocativas que me invitaban a perderme en ellas.

‘Quiero sentir tu verga en mi culo’, susurró en un tono que me erizó la piel. Sin mediar palabra, me acerqué a ella y comencé a bajarle lentamente las bragas, revelando un trasero perfecto que pidiendo a gritos ser poseído. Mi mano acarició con delicadeza el contorno de su nalga, sintiendo su piel suave bajo mis dedos.

‘¿Estás lista para que te culee?’ – pregunté con un tono dominante que la hizo gemir de anticipación. Me coloqué detrás de ella, mis manos aferrando sus caderas con fuerza mientras mi verga encontraba su entrada prohibida, presionando poco a poco hasta abrirla y adentrarme en su recto apretado.

Cada centímetro de mi pija en su culito era una delicia prohibida, un placer que nos consumía a ambos en una vorágine de deseo desenfrenado. Sus gemidos se entrelazaban con mis gruñidos de satisfacción, marcando el ritmo de nuestra danza carnal en la penumbra.

‘¡Más fuerte, más profundo! ¡Dame concha como nunca antes!’ – sus palabras eran un estímulo para mis embestidas bruscas y salvajes, como si ambos estuviéramos poseídos por una lujuria incontrolable que solo se aplacaba con cada embate en su interior.

El sudor perlaba nuestras frentes y nuestros cuerpos se movían en perfecta armonía, como si hubiéramos estado destinados a encontrarnos de esa manera, fusionando nuestros deseos más oscuros en un acto de puro placer animal.

‘¡Oh sí, cógeme así, sigue así!’ – sus palabras eran un mantra que resonaba en la habitación, alimentando la intensidad de nuestro encuentro carnal. Mis embestidas se volvieron más frenéticas, buscando el clímax que sabía era inminente.

En un último esfuerzo, aumenté el ritmo de mis culeadas, sintiendo cómo mi verga palpita dentro de su apretado culo, listo para explotar en una venida que nos llevaría al éxtasis definitivo. Con un último empujón, nos dejamos llevar por la avalancha de placer que nos envolvió en un torbellino de sensaciones indescriptibles.

El calor de nuestros cuerpos fundidos en un abrazo íntimo nos dejó exhaustos pero completamente satisfechos, sabiendo que aquel momento quedaría grabado en nuestra memoria para siempre como un recuerdo imborrable de una conexión más allá de la amistad.

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