toda esa tremenda polla le meten a mi hermana cuando se la cogen

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La tarde estaba calurosa y pegajosa en el pequeño apartamento donde vivía mi hermana y yo. Habíamos decidido aprovechar que estábamos solos en casa para ver una película en la televisión de la sala. Sin embargo, lo que empezó como una inocente tarde de cine pronto se convirtió en algo mucho más lascivo y prohibido.

Mi hermana, una mujer de curvas voluptuosas y mirada traviesa, había estado coqueteando con un chico que había conocido en una de esas aplicaciones para encuentros casuales. No pude evitar notar la forma en que se reía y jugueteaba con su cabello mientras intercambiaban mensajes subidos de tono. Una mirada cómplice entre nosotros fue suficiente para saber que algo estaba a punto de suceder.

El timbre sonó y supe que era él. Mi hermana abrió la puerta con una sonrisa pícara en los labios y lo invitó a pasar. El chico, un tipo musculoso y de mirada penetrante, nos saludó con confianza y se acomodó en el sillón, como si estuviera en su propio territorio.

La película seguía en segundo plano mientras mi hermana y su invitado se lanzaban miradas cargadas de deseo. Pronto, las manos del chico empezaron a vagar por el cuerpo de mi hermana, acariciando sus muslos y subiendo con ansia hacia sus pechos. Ella gemía suavemente, alentándolo a seguir explorando su cuerpo con avidez.

‘¿Estás seguro de que quieres hacer esto aquí?’ -pregunté, casi como un susurro, pero sabía que mi voz delataba una excitación que no podía controlar.

‘Por supuesto. Este lugar tiene un cierto encanto rústico que me pone aún más cachondo’ -respondió el chico con una sonrisa maliciosa.

Las prendas empezaron a volar de un lado a otro, revelando cuerpos ansiosos y ardientes. Mi hermana se arrodilló frente al chico y desabrochó su pantalón, liberando una erección impresionante que apuntaba directamente hacia ella. Sin dudarlo, ella comenzó a lamer la verga del chico con una maestría que me dejó atónito.

‘¡Sí, así, chupa esa pija como una buena putita!’ -gritaba el chico, disfrutando del espectáculo que le ofrecía mi hermana.

Los gemidos y susurros llenaban la habitación mientras la pasión se apoderaba de los tres. El chico levantó a mi hermana y la recostó en el sofá, separando sus piernas de manera salvaje y exponiendo su concha húmeda y ansiosa.

‘¡Qué rica concha tienes, putita! Voy a cogerte tan duro que no vas a poder caminar en días’ -prometió el chico mientras empujaba su verga en la entrada de la vagina de mi hermana.

Los movimientos eran frenéticos y desenfrenados, como si estuvieran poseídos por una lujuria incontrolable. Mi hermana gemía y gritaba de placer, pidiendo más y más mientras la verga del chico la penetraba una y otra vez, llevándola al borde del abismo del éxtasis.

‘¡Sí, cógeme, cógeme fuerte! ¡Hazme venir una y otra vez con esa tremenda polla tuya!’ -rogaba mi hermana, entregada por completo al placer que le estaba ofreciendo su amante de ocasión.

El sudor cubría sus cuerpos mientras se movían en perfecta armonía, buscando la manera de alcanzar un clímax que parecía estar siempre fuera de su alcance. Cada embestida era más profunda y salvaje que la anterior, acercándolos cada vez más al punto de no retorno.

El chico sacó su verga de la concha de mi hermana y la colocó en su entrada trasera, preparándose para cogerla por el culo y llevarla a un nivel de placer que nunca antes había experimentado.

‘¡Dios mío, sí! ¡Penétrame el culo, hazme tuya por completo!’ -gritó mi hermana, deseosa de sentir esa verga enorme abriéndose paso en su retaguardia.

La imagen de mi hermana siendo cogida por el culo era tan excitante y perversa que no pude evitar unirme a la escena, acariciando mi propia verga que estaba a punto de estallar de deseo y excitación.

Los gemidos se convirtieron en gritos de placer desenfrenado mientras el chico embestía el culo de mi hermana con una pasión indomable. El éxtasis estaba cerca, a punto de estallar en un clímax apoteósico que los dejaría exhaustos y completamente satisfechos.

Y así, entre gemidos, sudor y lujuria desenfrenada, toda esa tremenda polla se adentró en el más profundo de los rincones de mi hermana, llevándola a un estado de placer indescriptible que la dejó completamente extasiada y satisfecha.

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