ventajas de ser profesor de prepa

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La escuela estaba desierta, todos los estudiantes habían abandonado el aula en busca de las ansiadas vacaciones de verano. Solo quedaba el profesor de prepa, un hombre fornido de unos cuarenta años con una mirada lasciva y una sonrisa pícara que escondía sus verdaderas intenciones. Él se encontraba en su escritorio corrigiendo exámenes cuando escuchó unos suaves pasos acercándose por detrás. Se giró lentamente y allí estaba ella, una alumna de dieciocho años con faldita corta y blusa ajustada que mostraba sus voluptuosas curvas. La joven se había quedado atrás para pedir explicaciones sobre una nota y el maestro vio la oportunidad perfecta para poner en práctica las ventajas de ser profesor de preparatoria.

‘Así que necesitas ayuda con la calificación, ¿eh?’, dijo el maestro con una voz grave y un brillo de deseo en los ojos. La joven asintió tímidamente, sin darse cuenta de la lujuria que emanaba de aquel hombre maduro. Sin previo aviso, el profesor se acercó a ella y acarició suavemente su mejilla con una mano áspera, haciendo que un escalofrío recorriera la espalda de la alumna.

‘¿Por qué no te sientas en mi regazo mientras revisamos juntos tu examen?’, sugirió el maestro, cuyo bulto en los pantalones evidenciaba su excitación descontrolada. La joven, sin saber muy bien qué hacer, se sentó en las piernas del profesor, sintiendo su erección rozar su trasero a través de la tela de la falda. El hombre comenzó a explicarle los errores en la prueba, pero sus palabras se perdieron en la mente de la alumna que solo podía concentrarse en la creciente excitación que ardía en su entrepierna.

Los gemidos de la joven resonaban en el aula vacía mientras el maestro la penetraba con fuerza, disfrutando de la estrechez de su vagina virgen. Cada embestida era más salvaje que la anterior, sus cuerpos sudorosos se movían al compás de la lujuria desenfrenada. La mesa del profesor se convirtió en el escenario de una pasión prohibida, donde la edad y el poder se desdibujaban en un torbellino de placer incontrolable.

‘¡Sí, así, cógeme más fuerte, profesor!’, gemía la joven, arqueando la espalda y aferrándose a los bordes del escritorio. El maestro obedecía sus deseos, embistiendo con frenesí y sintiendo cómo su miembro palpitaba de deseo en el interior de la alumna. Los gemidos se entremezclaban con el sonido de la piel chocando, creando una sinfonía de pasión desenfrenada que llenaba el aula con un aroma a sexo y pecado.

El éxtasis se apoderó de ellos cuando la joven alcanzó un orgasmo tan intenso que sus piernas temblaron y su cuerpo se estremeció en un placer insoportable. El maestro, sintiendo su propia venida acercarse, aumentó el ritmo de sus embestidas hasta que finalmente se dejó llevar por la pasión, liberando su semen caliente en el interior de la alumna, marcándola para siempre como suya.

‘¡Oh, profesor, nunca supe que aprender podía ser tan placentero!’, exclamó la joven, exhausta y saciada por el ardor de la pasión desatada. El maestro sonrió con satisfacción, sabiendo que las verdaderas ventajas de ser profesor de prepa iban mucho más allá de las aulas y los exámenes.

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