la jovencita colegiala se la chupa al profe en el salon para que la apruebe

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La jovencita colegiala estaba desesperada. Había llegado al final del semestre y sus calificaciones eran desastrosas. Sabía que si no aprobaba ese curso, tendría que repetirlo y eso significaba más gastos para su familia. Así que decidió tomar medidas extremas para asegurarse de que el profesor le diera una oportunidad de aprobar.

Se acercó al profesor después de clases y le pidió hablar a solas en el aula. El profesor, un hombre maduro con mirada lujuriosa, accedió sin sospechar las verdaderas intenciones de la jovencita. Una vez a solas, ella se acercó coquetamente, jugando con su falda corta y su blusa escotada.

«¿Hay algo en lo que pueda ayudarte, Valeria?» preguntó el profesor, con la voz ligeramente entrecortada.

«Sí, profesor… Hay algo que realmente necesito para aprobar su curso», respondió ella con voz suave y sensual, acercándose aún más a él.

El profesor la miró con una mezcla de sorpresa y deseo en sus ojos. Sabía a dónde iba la conversación, pero no podía resistirse a la tentación de tener a la joven colegiala a su merced.

«¿Y qué es lo que necesitas, Valeria?», preguntó con tono grave, intentando mantener la compostura.

Ella se arrodilló frente a él, desabrochando lentamente su pantalón y liberando su verga ansiosa por acción. Sin decir una palabra, tomó su miembro en sus manos y comenzó a lamerlo suavemente, sintiendo cómo crecía y se endurecía en su boca.

Los gemidos suaves del profesor llenaron el aula vacía, mientras Valeria continuaba mamando su pija con destreza y pasión. La combinación de la situación prohibida y el talento de la jovencita era irresistible para el profesor, quien se dejó llevar por el placer inesperado.

«Oh, Valeria… sigue así… chupa mi verga como la buena colegiala que eres», murmuró el profesor entre gemidos de placer.

Valeria obedeció, aumentando el ritmo de sus chupadas y mirando fijamente a los ojos del profesor, disfrutando del control que tenía sobre él en ese momento. Sabía que su futuro académico dependía de su desempeño en esa mamada y estaba decidida a hacerlo bien.

El aula se llenó de gemidos y susurros obscenos, mientras Valeria continuaba mamando la verga del profesor con determinación y habilidad. Él agarraba con fuerza el borde del escritorio, sintiendo cómo el placer se apoderaba de su cuerpo poco a poco.

«¡Oh, sí! ¡Sigue mamando así, Valeria! ¡Me vas a hacer acabar!» exclamó el profesor, con la respiración entrecortada por la excitación.

Valeria intensificó sus chupadas, moviendo su lengua con maestría y acariciando los testículos del profesor con una mano experta. Podía sentir cómo su verga palpitaba en su boca, indicando que estaba cerca de venirse.

Con un gemido ronco, el profesor se dejó llevar por el placer y eyaculó en la boca de la jovencita colegiala, quien tragó cada gota de su semen con avidez y satisfacción. Sabía que esa mamada había sido su boleto de salida a la aprobación del curso.

Una vez terminada la sesión de sexo oral, el profesor se recobró lentamente, mirando a Valeria con una mezcla de gratitud y culpa en sus ojos. Sabía que lo que acababa de hacer era incorrecto, pero la tentación había sido demasiado fuerte para resistirla.

Valeria se levantó con una sonrisa traviesa en los labios, ajustando su falda y su blusa como si nada hubiera pasado. Sabía que había conseguido lo que quería y ahora solo tenía que esperar a ver reflejada su nueva calificación en el sistema.

El profesor la miró con una expresión indefinible mientras se acomodaba la ropa y se preparaba para abandonar el aula. Sabía que esa experiencia quedaría grabada en su memoria para siempre, como un pecado prohibido y excitante que no podría olvidar.

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