Bajandole los calzones a la colegiala y cogiendola de perrito

Descargar
1105 views
1 likes
GRUPO TELEGRAM AQUI

Una tarde calurosa de verano, el sudor perlaba la frente de la colegiala mientras caminaba por las escaleras de la casa. Sus diminutos calzones blancos se perdían entre sus nalgas, provocando al joven que la acechaba desde la sombra. Con paso sigiloso, él se acercó y de un tirón brusco le bajó los calzones, dejando al descubierto su trasero deseoso de ser poseído.

‘¡Mmm, qué rico culo tienes, putita!’. Las palabras del joven resonaron en el aire caliente, mientras la colegiala se mordía los labios con deseo. Sin mediar palabras, la tomó de las caderas y la inclinó hacia adelante, obligándola a adoptar la posición de perrito.

La colegiala, con su rostro apoyado en el suelo frío, sentía la verga dura del joven presionando contra su sexo húmedo. Con un gemido ahogado, ella rogó entre dientes: ‘¡Cógeme, cógeme duro por detrás!’. Sin piedad, él penetró su concha estrecha, sintiendo el ardor de la excitación recorrer su cuerpo.

Los jadeos se mezclaban con el sonido de los cuerpos chocando violentamente, creando una sinfonía de lujuria en la habitación. La colegiala, entregada al placer, movía sus caderas al compás de las embestidas, buscando más y más placer en cada arremetida.

‘¡Toma verga, toma toda mi verga en tu concha apretada!’, gritó el joven con voz ronca, aumentando el ritmo de sus embestidas. La sensación de tenerla tan sumisa y caliente lo excitaba más de lo que hubiera imaginado.

El sudor empapaba sus cuerpos entrelazados, reflejando el calor abrasador de la lujuria desenfrenada. La colegiala, con los ojos cerrados y la boca entreabierta, gemía sin control, sintiendo cómo el orgasmo se acercaba como una ola imparable.

‘¡Voy a venirme, puta, prepárate para sentir mi leche caliente dentro de ti!’, anunció el joven con voz gutural, aumentando la intensidad de sus embestidas. La colegiala, al borde del éxtasis, gritó de placer al sentir la venida inminente de su amante.

La explosión de placer los envolvió a ambos, haciéndolos temblar de la intensidad del orgasmo compartido. Los cuerpos sudorosos se fundieron en un abrazo carnal, entregándose al éxtasis de la unión más íntima.

Después del frenesí, se quedaron tendidos en el suelo, respirando agitadamente mientras el sudor se enfriaba en sus pieles entrelazadas. La colegiala, con una sonrisa de satisfacción, se giró hacia él y murmuró: ‘¿Cuándo repetimos esta cogida de perrito?’. El joven, con una chispa de deseo en los ojos, respondió: ‘Siempre que quieras, putita, siempre que quieras’.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *