Invito a su amiga del CETIS a ver netflix y la pone a mamar

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Era un día caluroso de verano cuando Chuy decidió invitar a su amiga del CETIS a su casa para ver Netflix. Desde hace tiempo, había fantaseado con esa zorra de grandes tetas y culo jugoso, y finalmente tendría la oportunidad de hacer realidad sus perversiones más profundas.

La chica llegó con una minifalda ajustada que dejaba poco a la imaginación y una blusa escotada que resaltaba sus pechos firmes. El sudor empezaba a brotar por sus cuerpos mientras se acomodaban en el sofá, viendo una serie cualquiera de la plataforma de streaming.

‘¿Por qué no apagamos la televisión y nos divertimos de verdad?’, susurró Chuy con voz ronca, deslizando una mano por el muslo de su amiga. Sin esperar respuesta, comenzó a besarla con pasión, sintiendo su lengua explorar su boca con lujuria.

La chica se dejó llevar por el deseo, excitada por la situación prohibida. Pronto, estaban desnudos sobre la alfombra, con Chuy lamiendo sus pezones endurecidos y ella gimiendo de placer. Sin mediar palabra, la empujó hacia abajo y le ordenó: ‘¡Má-ma-me-la, putita!’, mientras sacaba su verga dura y la restregaba por su rostro ansioso.

‘¡Sí, cógeme la boca con tu pija, cabrón!’, respondió la chica con malicia, tomando su miembro con ambas manos y comenzando a succionarlo con avidez. El sonido de sus labios mojados envolvía la habitación, mezclándose con gemidos de placer y gritos de desenfreno.

Chuy no pudo resistirse más y la empujó hacia el suelo, colocándola en posición de perrito. Sin previo aviso, le clavó su verga en lo más profundo de su concha mojada, arrancándole un gemido salvaje. Los cuerpos chocaban con fuerza, creando un ritmo frenético y animal.

‘¡Sí, sí, culea-me duro, cabrón!’, exclamaba la chica, disfrutando cada embestida con salvajismo. Chuy la agarraba del cabello y tiraba con fuerza, aumentando aún más el placer de ambos en medio de la lujuria desenfrenada.

El sudor y los fluidos corporales se mezclaban en un baile obsceno, cubriendo sus cuerpos desnudos con una capa de deseo y pecado. Los gemidos se volvían más intensos, los cuerpos más salvajes, la pasión más desbocada.

Chuy decidió cambiar de posición y poner a la chica boca arriba, abriendo sus piernas de par en par y clavando su verga en su interior una vez más. La sensación de su miembro entrando y saliendo de ella era indescriptible, llevándolos a un éxtasis carnal sin límites.

‘¡Dame tu culo, perra!’, ordenó Chuy con voz autoritaria, y la chica obedeció sin dudarlo, ofreciéndole su esfera trasera para ser poseída. La penetración anal fue brutal, intensa, casi dolorosa; pero ambos ansiaban más, deseaban más, necesitaban más.

Los gritos de placer resonaban en la habitación, mezclados con el sonido de la piel golpeando piel, creando una sinfonía de sexo desenfrenado y salvaje. Cada embestida era un paso más hacia el abismo del placer, cada gemido un grito de éxtasis contenido.

Finalmente, Chuy no pudo más y con un gruñido gutural se dejó llevar por el orgasmo, eyaculando con fuerza en el interior de la chica, llenándola de su semen caliente y espeso. La chica, exhausta y satisfecha, sonreía con complicidad, sabiendo que aquella tarde de Netflix había sido mucho más excitante de lo que jamás imaginó.

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